Reyna Barrera López

Se lee en:

19–28 minutos

Publicada:

Actualizada:

Reyna Barrera López

Reynab2022

Nacida el 13 de octubre de 1939 en la ciudad de México, Reyna Barrera López es Maestra en Letras Mexicanas y Doctora en Letras Iberoamericanas, UNAM (1998). Catedrática del colegio de Literatura Dramática y Teatro, además de maestra fundadora del Colegio de Ciencias y Humanidades.

Reyna Barrera López es una de las figuras más importantes de las letras mexicanas contemporáneas. Su trayectoria abarca más de cinco décadas de docencia universitaria, creación literaria e investigación teatral. Es maestra fundadora del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) de la UNAM, institución que nació el 26 de enero de 1971 bajo el proyecto del rector Pablo González Casanova.

A lo largo de su vida, Barrera López participó activamente en los movimientos sociales de su época. En la década de 1960 tomó parte en el Movimiento Estudiantil de 1968, reprimido en la Masacre de Tlatelolco. También fue una firme defensora de los derechos de las mujeres y de la comunidad Lésbica y Gay, perspectiva que atraviesa toda su obra literaria.

En su vida personal, destacó desde niña por su inteligencia y su pasión por la literatura; en su adolescencia ya leía a Platón y Aristóteles. Sobrevivió un cáncer de mama y lo relató con valentía en sus textos autobiográficos.

Obra Literaria Completa

La siguiente tabla presenta la producción conocida de la Dra. Barrera López, organizada cronológicamente, aun faltan datos por incorporar.

AñoTítuloGéneroEditorial / Publicación
1981Elementos narrativos en Todas las sangres de José María ArguedasEnsayoUNAM
1983Teatro breve II: Cinco obras en un actoMaterial didácticoUNAM, CCH Vallejo
1989Aura, un tema universalEnsayo—
1993Material del olvidoNarrativa—
1993XIII A flor de PielPoesía—
1995Agua tinta. Cinco ensayos de literaturaEnsayoBiblioteca México
1995ÁrbolesPoesía—
1996A flor de pielPoesíaColección José Antonio Alcaraz
1997Siete lunas para SandraNarrativaBiblioteca México
1999Salvador Novo: navaja de la inteligenciaEnsayoPlaza y Valdés
2000LunarioPoesíaPapeles Privados
2001Sandra: secreto amor (2.ª ed. 2024)NovelaPlaza y Valdés
2003Escena con otra mirada (compiladora)Antología / TeatroPlaza y Valdés
2008Zona de teatroEnsayo—
2008Luna plenaPoesíaLeSVOZ
2010Luna zoológicaPoesíaLeSVOZ
2011Zona de teatro y letras: ensayosEnsayoUNAM, CCH
2011Antología de la poesía cubana del exilio (compiladora)Antología—
2014Llévame contigoPoesíaÁurea
2017La güera veneno y otros cuentosNarrativaLeSVOZ
2018Árboles y tierraPoesíaLeSVOZ
2020Marchanta de los siete pueblos originarios de TláhuacEnsayo / CrónicaOlivos Studio Creativo
2020Perreces de RihannaNarrativa—
2020Versas y diversas (coeditora)Antología poética—
2022Género y sus perspectivas (compiladora)Ensayo / Antología—
2024De largo alientoNarrativaLeSVOZ

Crítica teatral publicada en la revista Teatro

Entre 1995 y 1998, Barrera López fue crítica teatral habitual de la revista Teatro. Algunas de sus reseñas más destacadas:

  • "Tiempos de acero" — Teatro, núm. 4, 1995
  • "Jerez de la memoria" — Teatro, núm. 5, 1995
  • "La tarántula Art Nouveau de la calle del Oro" — Teatro, núm. 6, 1996
  • "El beso de la mujer araña" — Teatro, núm. 8, 1996
  • "Doce meses en el teatro" — Teatro, núm. 9, 1997
  • "Transgresión y el hombre del destino" (Bernard Shaw) — Teatro, núm. 10, 1997
  • "La bella y la bestia" — Teatro, núm. 11, 1997
  • "La gran magia" — Teatro, núm. 12, 1997
  • "Tres juegos mortales" — Teatro, núm. 13, 1997
  • "El burlador de Tirso de Hector Mendoza" — Teatro, núm. 14, 1997
  • "Le cri du camaleón. Anomalie de Francia" (XXV Festival Cervantino) — Teatro, núm. 15, 1997
  • "Don Juan en Chapultepec" — Teatro, núm. 16, 1997-98
  • "Evita. No llores por mí Argentina" — Teatro, núm. 17, 1998
  • "¿Quién mató a Seki Sano?" — Teatro, núm. 18, 1998

Logros y Reconocimientos

  • Maestra fundadora del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), UNAM — 1971
  • Mérito Universitario por 25 años de labor académica, UNAM — 1995
  • Primer lugar, IV Concurso Internacional de Poesía Rubén Bonifaz Nuño — 1997
  • Mención Honorífica, Doctorado en Literatura Iberoamericana, UNAM — 1998
  • Diploma por 30 años de servicios académicos, UNAM — 1999
  • Morelos de Bronce, Instituto de Cultura del Estado de México — diciembre 2001
  • Diploma y Medalla conmemorativa por el 30 aniversario del CCH, UNAM — 2001
  • "Mi vida en el Teatro" — ITI UNESCO, Medalla y Diploma — 2002
  • Reconocimiento Al Mérito Universitario por 35 años, UNAM — 2005
  • Cátedra Rosario Castellanos, H. Consejo Técnico del CCH, UNAM — 2006-2007
  • Bautizo del Foro "Reyna Barrera" en el Centro Cultural Off Spring, CDMX — 2012
  • Reconocimiento Presea Sor Juana Inés de la Cruz, UNAM — 2012
  • Trayectoria Destacada en Investigación Teatral, Asociación Mexicana de Investigación Teatral — 2013-2016
  • Diploma por 45 años de servicios académicos, UNAM — 2014
  • Reconocimiento Festival Love and Pride por trayectoria como escritora y activista LGBT+ — Museo Memoria y Tolerancia, 2023
  • Incorporación de su obra al Archivo CASUL (Biblioteca de Escritoras Hispanoamericanas) de la UNAM — 2025

Aportes a la Literatura y la Dramaturgia Mexicana

La contribución de la Dra. Reyna Barrera López a las letras mexicanas no puede medirse únicamente por el volumen de su obra, sino por la profundidad y diversidad con que transformó los espacios literarios y teatrales del país durante más de cinco décadas.

Una voz que cruzó todos los géneros

Barrera López es una escritora de rara versatilidad: cultivó simultáneamente la poesía, la narrativa, el ensayo, la novela y la crítica teatral, sin que ningún género le resultara secundario. Su obra poética, que va desde A flor de piel (1993) hasta Árboles y tierra (2018), muestra una voz que evoluciona sin abandonar su esencia: directa, sensorial y comprometida con la emoción humana. En su narrativa, libros como La güera veneno y otros cuentos (2017) combinan el humor, la sensualidad y la crítica social con una soltura que pocos autores logran sostener a lo largo de décadas.

Pionera en la crítica e investigación teatral

En el campo de la dramaturgia y la crítica de teatro, su aportación es igualmente singular. Sus investigaciones sobre escritoras de teatro mexicano del siglo XX fueron referencias fundamentales para el campo académico. El Portal del Hispanismo del Instituto Cervantes cita sus estudios junto a los de otros investigadores clave, como parte de los trabajos que pusieron en relieve las aportaciones de dramaturgas como Amalia de Castillo Ledón, María Luisa Ocampo o Carmen Leñero. Su libro Escena con otra mirada (2003), una antología de dramaturgas, fue un acto editorial pionero: colocó a las mujeres creadoras de teatro en el centro de la discusión académica en un momento en que ese espacio les era sistemáticamente negado.

Como crítica, colaboró durante años con publicaciones especializadas de alcance nacional e internacional —la revista Teatro, el Repertorio Teatral del ITI-UNESCO, Espacio Escena Latinoamérica y Máscaras— formando generaciones de lectoras/es y artistas que aprendieron a ver el teatro con más rigor y con mayor conciencia de género.

Maestra que marcó generaciones

Su labor como docente durante más de cuatro décadas en la UNAM es inseparable de su perfil literario. Como maestra fundadora del CCH en 1971, ayudó a diseñar un modelo educativo que apostaba por la formación crítica y humanística en un contexto universitario que lo necesitaba con urgencia. Muchos de sus estudiantes llegaron a las letras y al teatro de la mano de sus clases y ejemplo.

Un ensayo que fue puente entre literaturas

Su investigación Salvador Novo: navaja de la inteligencia (1999) es uno de sus trabajos más valorados en el ámbito académico, producto de su tesis de doctorado. En él, Barrera López analizó a uno de los escritores más complejos e incómodos de México con una mirada que integró el rigor filológico con la sensibilidad hacia los márgenes: la homosexualidad, la ironía y el poder en la cultura oficial. Este libro le la reconoce como escritora y como investigadora con una perspectiva propia dentro de la tradición de estudios literarios en México.

En suma, la Dra. Barrera López ha marcado una diferencia al negarse a ocupar un solo lugar: es al mismo tiempo creadora y crítica, académica y activista, poeta y narradora. Su obra es evidencia de que la literatura puede ser, al mismo tiempo, arte y herramienta de transformación social.

Figura Representativa de las Mujeres Lesbianas en México

Más allá de su obra literaria, la Dra. Reyna Barrera López ocupa un lugar histórico como figura pública de las mujeres lesbianas en México. Su vida y su escritura representan décadas de resistencia, visibilidad y apertura de caminos en un contexto social que durante mucho tiempo negó esas identidades.

Pionera cuando no existía el término

Barrera López vivió y expresó su identidad lésbica mucho antes de que existiera en México un movimiento Lésbico Gay organizado o una literatura que lo nombrara abiertamente. Desde sus primeros poemas y textos de narrativa, el amor entre mujeres fue un tema presente, tratado no como escándalo sino como una realidad humana digna de ser contada con belleza y honestidad. Ella es una de las pioneras de la narrativa lésbica en México, junto a Nancy Cárdenas y Rosamaría Roffiel, ellas las voces que abrieron el camino a una literatura comprometida con la visibilidad lésbica.

Sandra: secreto amor, un testimonio literario único

Su novela Sandra: secreto amor (2001) es quizás su obra más personal y significativa en este contexto. En ella, Barrera López narra la historia real de cómo conoció a Sandra, su compañera de vida por más de cincuenta años, durante un Festival Cervantino en Guanajuato. El libro fue pionero en la literatura mexicana por presentar el amor lésbico sin tragedia ni culpa, desde una voz autobiográfica sin disculpas. El hecho de que la obra fuera reeditada en 2024 —más de veinte años después de su publicación original— confirma que su relevancia no ha disminuido con el tiempo, sino que ha crecido.

"Con su testimonio sobre el amor lésbico, Reyna ha abierto camino para aquellas que buscan equidad y aceptación en temas de diversidad sexual."

— La Cadera de Eva, portal de feminismo y derechos de las mujeres en México.

Activismo desde la cultura y la academia

Reyna Barrera López no separó su identidad de su labor pública. Ha sido integrante del Consejo Editorial de la Revista LeSVOZ desde 1998, una de las publicaciones culturales y feministas más importantes del lesbianismo organizado en México. También participó como coeditora de Versas y diversas, muestra de poesía lésbica mexicana contemporánea (2020), antología que reunió a 53 poetas de todo el país y que representa uno de los ejercicios de visibilidad lésbica más amplios de la historia literaria mexicana.

Además, forma parte del Colectivo de Mujeres Artistas de Tláhuac (COMUART) desde su fundación en 2006, un espacio donde el teatro y el arte fueron usados como herramientas concretas contra la violencia de género y en favor de los derechos de las mujeres, en una de las zonas de la Ciudad de México, con mayor pobreza.

Patrimonio cultural: el reconocimiento institucional tardío

En julio de 2025, la obra completa de Reyna Barrera López fue incorporada al Archivo CASUL de la UNAM, una biblioteca dedicada a escritoras hispanoamericanas nacidas antes de 1950 que reúne también a Elena Poniatowska, Margo Glantz o Rosario Castellanos. Su ingreso al lado de estas figuras canónicas no es un detalle menor: significa que la UNAM reconoce formalmente que la literatura lésbica de Barrera López es parte del patrimonio cultural de México, y que debe ser preservada y estudiada con la misma seriedad que cualquier otra obra literaria de valor.

El Festival Love and Pride también la reconoció en 2023 en el Museo Memoria y Tolerancia, espacio simbólico que subraya el carácter histórico de su trayectoria: no solo como escritora, sino como testiga y protagonista de la lucha por la dignidad de las mujeres lesbianas en un país que tardó décadas en reconocerlas.

Un ejemplo que sigue vigente

Lo que hace a Reyna Barrera López un ejemplo a seguir no es únicamente su valentía de haber escrito sobre el amor lésbico cuando hacerlo tenía consecuencias reales, sino la constancia con que lo ha hecho durante más de seis décadas, desde sus primeros poemas hasta su más reciente publicación. Ella ha demostrado que una mujer lesbiana puede ser al mismo tiempo profesora universitaria reconocida, investigadora seria, poeta celebrada y activista, sin tener que esconder ninguna de esas identidades para que las demás fueran tomadas en serio.

Para las generaciones más jóvenes de escritoras y mujeres lesbianas en México, Barrera López es la prueba de que es posible construir una vida entera, una carrera entera, con la identidad propia en el centro y no al margen.

Datos Interesantes

  • Nació en la casa número 13, el 13 de octubre — fecha que considera una coincidencia llena de simbolismo. Su padrino, Evaristo Barrera de la Rosa, fundador del Sindicato de Ferrocarriles Nacionales de México, exclamó al nacer ella: "¡Nació como una reina, así se ha de llamar!"
  • Desde adolescente leyó a los filósofos clásicos griegos. Su profesora en la Escuela Nacional de Maestros fue Emma Godoy, reconocida filósofa y escritora mexicana, quien despertó su vocación docente, igualmente recibió catedra de Rosario Castellanos.
  • Su compañera de vida, Sandra, ha estado a su lado por más de cincuenta años y es la protagonista de su novela más personal. La historia de ese encuentro en un Festival Cervantino es hoy parte de la memoria literaria lésbica de México.
  • Participó en el Movimiento Estudiantil de 1968, uno de los episodios más dolorosos de la historia mexicana reciente, lo que marcó profundamente su conciencia política y social.
  • Sobrevivió un cáncer de mama y lo relató en sus textos con valentía, sin idealizarlo ni dramatizarlo en exceso.

Áreas de Trabajo e Influencia

Literatura: Narrativa, novela, poesía, teatro y ensayo

Investigación: Crítica teatral, literatura iberoamericana, estudios de género

Docencia: Más de 45 años en la UNAM (CCH y Facultad de Filosofía y Letras)

Activismo: Derechos de las mujeres, diversidad sexual, derechos comunitarios en Tláhuac

Edición y compilación: Antologías de poesía lésbica mexicana, poesía cubana del exilio, dramaturgia de mujeres

Referencias y Fuentes de Consulta

Las siguientes fuentes documentan la trayectoria, obra y reconocimientos de la Dra. Reyna Barrera López:

• LeSVOZ — Perfil biográfico y obra completa

• Wikipedia — Reyna Barrera (artículo en español)

• INBAL Literatura — Ficha de autora

• Gaceta UNAM — CASUL dedica su Club de Lectura a Reyna Barrera (2025)

• LeSVOZ — Cuatro escritoras lesbianas ingresan al Archivo CASUL (2025)

• Plaza y Valdés Editores — Página de autora

• YouTube — Reconocimiento Festival Love and Pride 2023

• Portal del Hispanismo — Mujeres en la dramaturgia mexicana

• La Cadera de Eva — Escritoras de narrativa lésbica en México

• Leviatan — Panorama de la literatura lésbica en Méxicotura lésbica en México

• La poesía de Reyna barrera: lo lésbico en un murmullo. Texto de Elena Madrigal.

A continuación presentamos un Fragmento de biografía, escrito por ella misma, para ésta página web.

Nací en la casa número 13, el 13 de octubre de 1939, una noche de luna (que amaneció hasta el medio día del siguiente), llegué a primera hora, después de las doce de la noche en que parecía que la vida se me negaba; traía el cordón umbilical enredado al cuello. Sería el primogénito nieto o primogénita reconocida. Estuvo presente la hermana de mi mamá, médica partera que logró lo imposible, mientras todas las mujeres de la familia lloraban, rezaban y gritaban en una habitación cercana.
Recibí el baño inmediato, en ese momento, la Nana de mi abuela me dio la bienvenida a este mundo embarrando una tuna cardona roja de la cabeza a los pies, pero insistió en mi corazón donde dejó una mancha que me ha acompañado siempre. Sufrí mucho porque cuando me dio el cáncer de mama, al inicio de la primera cirugía, no recordaba de qué lado tenía el corazón y mi mancha de nacimiento, pero la mama que perdí fue del lado derecho, así podría usar el arco sin torpeza ninguna.
Ya nacida, la fiesta estalló y con alegría mi padrino, Evaristo Barrera de la Rosa, fundador del Sindicato de Ferrocarriles Nacionales de México, exclamó “¡Nació como una reina, así se ha de llamar! En el acta y en el bautizo mi mamá insistió con el nombre, para hacer la diferencia: Reina con “y”, de todas maneras me educaron como reinita y me trataron como tal.
Crecí mimada, pero aislada, la soledad me cobijó sin que nadie lo deseara. Mi mamá trabajaba en el Parque Lira, me dejaba muy acompañada, pero sola: mi abuela sorda, mi tía enmudecida en su soltería, Margarita, la Nana de mi abuela, en su vejez y las ayudantes, de entrada por salida; lavandera, ayudante de cocina y mandaderas. Sólo tuve un hermano hasta que cumplí cinco años y después de otros cinco, nació la pequeña hermana.

Nací guerrera, como Coyolxauhqui --monolito “salvado el 21 febrero de 1978” cuando regresábamos de una asamblea en Ciudad Universitaria mi amiga Marta Obregón y yo. Los trabajadores de la Compañía de Luz realizaban excavaciones para el cableado y no sabían qué hacer, ya había más de tres personas queriendo enterarse de lo que pasaba, con el taladro atascado, sin poder mover una piedra que se hacía cada vez más ancha, a una calle de la preparatoria “2” donde daba clases. Entonces vimos aquella piedra de basalto labrado entre otras piedras y tierra. Era más de las doce de la noche, dos locas maestras detuvimos como pudimos: palabras, frases, casi discursos a eso de la una de la mañana para que detuvieran su trabajo.
Entonces recordé que traía mi libreta de direcciones y reuní todas las monedas de 20 centavos para ir a llamar por teléfono a los de Antropología, a los periodistas, de todos aquellos que tenía teléfono, a mi propio periódico, el unomásuno y a otros desde la máscara del anonimato, hasta que se me agotaron los veintes que Marta recogió entre los que llegaban a curiosear. No sabía que era ella, pero toqué su piedra labrada, sentí sus cascabeles y oí su grito de guerra que apenas era un murmullo.
No recuerdo que día fue aquel, febrero 1978, pero llegué a dormir unas horas, a bañarme para ir a dar clases, porque “a las siete soy maestra de pizarrón y puntualidad” decía a mis alumnos del CCH. Vallejo. Desde ese día me he sentido guerrera y lunática, sin que importara el haber dado a conocer, aquel “chisme” de los trabajadores de la luz, cuando pasábamos por la calle de Guatemala, fuimos llamadas por la curiosidad y sin saber que Coyolxauhqui nos esperaba--.

Acabo de nacer y estoy embadurnada de sangre de cactus. Mi mamá me recibe en sus brazos, me llena de mimos y caricias, me da explicaciones de todo el movimiento, de cómo pasó y qué me espera; alcanzo a vislumbrar a la luna, mi mamá me acerca a la ventana y me muestra orgullosa. Estoy cansada, duermo hasta el amanecer de un sol increíble, lo abrazo a mi corazón, donde la luna palpita y decido vivir, cuando el latido inmenso de la tierra me saluda con su aliento de hoja otoñal, me espera un árbol que ofrece granadas abiertas, goterones de dulces semillas rojas.

Aprendí a leer y escribir, fui a la escuela, me enamoré de una niña, Anita González, sobrina de un jugador de básquet, compañero de mi papá. Nunca creí verla en mi casa. Lo deseaba con la fuerza de mis seis años y se apareció de pronto, en el fiestón que mi papá daba por su cumpleaños el 8 de junio. Ella llegó y al reconocernos su tío dijo: “Vayan a jugar”, le di un paseo por la casa, le mostré las plantas más queridas de mi abuela, en fin un paseo por el corredor de macetas, hasta donde había un hueco, la maceta que allí vivía se cayó cuando estaba aprendiendo a patinar y “¡Ni modo!”
Apenas cabíamos sentadas en la barda, la tomé de la mano y la besé en la mejilla. No recuerdo más. A veces pienso que lo soñé. También me enamoré de mi maestra de primer año a la que decían “La Güera Guacuja”, tal vez por eso me gustaron tanto las rubias, hasta quedarme por siempre con una pelirroja.
En el interin de ir a la escuela, leer libros de manera desordenada y con apetito voraz, fue que empecé a escribir pensamientos amorosos como si los dictara un capitán de fragata, un pirata, un espadachín, un príncipe o cualquier otro enamoradizo, ejemplo que leía, veía o escuchaba en la radio de mi abuela.

Mi mamá encontró por casualidad uno de aquellos escrititos y de inmediato me cuestionó, primero dije que no sabía quién había sido, tiempo después cuando encontró otro, negué haberlo visto; para entonces ya hacía otro tipo de letra, pero la pluma y los cuadernos eran míos. Mi mamá me volvió a interrogar, aquella segunda vez dudó mucho de las explicaciones y negaciones. Creo que por ello mi vestimenta cambió tanto: me empezó a mandar a la escuela con un calzón que se amarraba a la cintura con unas tiras tan largas que bien podía darme unas vueltas antes de anudarlas, a veces el moño se volvía nudo y éste se apretaba tanto que ya en mi casa era incapaz de salvarme y orinaba sin poderme controlar. ¿Será por eso que de mayor siempre me he contenido tanto en reuniones, juntas, asambleas, acuerdos, fiestas, cantinas, etcétera? Hasta que llegó Sandra, quien me lleva al baño y abre la llave del lavabo: “¡Éxito total!”

El misterio de los recaditos, se convirtió en poemas, que intercalaba con versos copiados, de esta manera me salvé. Los poemitas iban creciendo, cambiando de amor y aparecieron las cartitas y allí fue imposible declararme inocente. Había empezado la secundaria en la Escuela Nacional de Maestros, ella me llevaba a tomar clases de ballet, en la Escuela de las hermanas Campobello, con la maestra Acosta, quien con bastón en mano daba clases de ballet. Un día que fui hacer una entrevista a una primera bailarina, Sonia Castañeda, me reconoció.
Bailaba “El lago de los cisnes” con música de Tchaikovsky, cuando nos mandaban a ensayar a las alumnas el “pas de quatre”, que tomadas de las manos íbamos de aquí para allá volteando, la cara, de perfil, muy erguidas, aunque casi nos caíamos de las zapatillas de punta. “¡No lo podía creer!” Sonia Castañeda era la hermosa bailarina que participaba con Felipe Segura, como estrellas del ballet, era muy importante, ¿cómo se fijó en mí? una adolescente de 11 años tan desproporcionada --soñaba con ser pugilista o campeón de beisbol, fuerte y duro como vaquero--, pero mi mamá insistía en que estudiara y la maestra de español, se entusiasmaba conmigo, tocaba las castañuelas y daba vueltas a toda falda, no me cansaba de taconear y a ella le gustaba.

Al inicio de la secundaria en La Escuela Normal conocí a dos hermanas increíbles, dos rubias muy bonitas, Queta y Betty de la que por supuesto, me enamoré y a ella no le importó tanto. Nos tomábamos de la mano y así entrábamos a todas las clases, platicábamos muchas cosas, hasta en Biología que nos gustaba tanto. Un día la maestra nos dijo “tomadas de la mano no pueden hacer ningún experimento, si no se sueltan las separo o las saco del laboratorio”. Nos soltamos, pero amarramos con las mismas cintas, nuestros delantales, permanecimos calladas pero nos enviábamos mensajes con todo lo que hubiera cerca: un tubo de ensaye, una catarina --insecto que íbamos a ver en el microscopio--, un portaobjetos en el que escribíamos palabras transparentes o jugábamos con todo aquello que encontrábamos. Una alumna cercana a mi banca, me criticaba, no recuerdo cuántas cosas solía decirme a mí, nada a ellas, porque a veces se agregaba Queta, quien era mayor y cantaba abrazándonos.
Me creía feliz, cuando algo de mi empezó a temblar, era como un miedo interior, como un río que va a llegar. Nunca tuve miedos de niña, ni cuando nadaba en Veracruz y en el mar había tiburones, mis papás me llamaban a la orilla, creía que mi papá me decía que nadara más lejos y mi mamá desencajada me llamaba, creí que como ella no nadaba en mar adentro, se asustaba. Regresé cuando me cansé y todos dijeron cosas, hasta que comprendí que los tiburones andaban por allí. Tal vez por eso nunca tuve miedo del mar ni de los ríos.
Pero ese temblor no paraba, se hacía presente cuando menos lo esperaba, venía por el brazo, algo me avisaba, me recorría sutilmente y se me aparecía, brincaba, la mano izquierda saltaba de improviso. Así luche un tiempo, hasta un día de fiesta familiar en que hice una obra de teatro y la presenté con mis primos y primas en la sala de la casa y con las cortinas tejidas de mi abuela –que eran orgullo de toda la casa. Enfermé.

Dicen que pasaron muchos días, hasta que desperté y pregunté si no iba a ir a la escuela. Me dijeron que estaba enferma, que pronto llegaría mi mamá. Así me pasé mucho tiempo recluida en mi habitación, sin ver a nadie, sin visitas y sobre todo sin leer nada. No sabía cómo sentirme, si odiar a todos o amarlos porque estaba viva y no había muerto, mi mamá a veces entristecía, lloraba por mí y luego se alegraba por ello. Pero nadie me dio un libro. Las visitas eran una por día, así los vi poco: a mi papá, como a mi abuela sorda, que sufría sin poder oírme y a mis hermanos porque eran niños y hacían ruido. No vi a muchas personas, solo a los médicos, enfermeras, mujeres de la limpieza, ayudantes; comía allí dentro. Ni un libro y mucho menos el periódico, una carta o una tarjeta con letras.


Cuando por fin salí, fue al patio de atrás, donde después de algunos días pisé la tierra, que me hizo feliz, entonces mi mamá en agradecimiento me permitió sembrar un árbol. Ese fue el primer árbol que sembré: un pirul. Tiempo después investigué quien era un pirul y por qué la Nana de mi abuela le decía Perú. Tanto lo quería que para mi cumpleaños mi mamá hizo un pastel adornado con ramas de pirul.
Siempre escribí, mi mamá un poco preocupada me regaló un libro, la vida de alguien, enamorada de… pero todo sucede por cartas; así que entendí que la vida emocional sólo se daba por cartas.

Sí, a todas aquellas a las que he amado, les he escrito sendas cartas, las he entregado sin guardar, por educación, una copia. Hasta amigas queridas, profesoras y maestros recibieron misivas mías. Excepto Rubén Bonifáz Nuño quien prefirió los poemas. Así aprobé latín en la Facultad de Filosofía y Letras.

Algunas de las musas se enamoraron de mí sólo por las cartas, otras se enamoraban, sin corresponderme, pero siempre solicitaban cartas, mis amigas, algunas de mayor edad que yo, como Socorro Uriza, con quien trabajé por diez años, decía que no tomaba en cuenta que le contara de mis aventuras y desventuras con otras, siempre y cuando a ella la tuviese al tanto. Murió pidiendo su Carlos Fuentes dedicado a ella, por lo que le entregué mi ejemplar de Obras Completas, dedicado a mí con la firma del escritor a quien saludamos juntas en una de sus presentaciones. Cuando se fue definitivamente, creí que sus deudos me entregarían el libro y las cartas que le escribí, casi medio ciento... espero que de verdad hayan quedado en el olvido.

 

Compartir: