El universo feminista de Judy Chicago

LeSVOZ AC

Se lee en:

15–23 minutos

El universo feminista de Judy Chicago

Por Mariana Pérez Ocaña

Se puede suponer que la vida es todo lo contrario a lo que nos han dicho que es. Para las feministas, esta es una realidad con la que vivimos siempre, buscando y creando otras formas de vivir una vida digna para las mujeres, una vida vivible para nosotras, donde el patriarcado esté lo más lejos posible. No es un sueño ni una fantasía: es entender que todo lo que nos han planteado como realidad desde que nacemos sencillamente no encaja, no es real y no es vivible. O, como los feminismos nos explican, nosotras las mujeres no encajamos en el universo patriarcal y, por tanto, se nos asigna una sola forma de vivir porque ellos, los hombres, controlan esa realidad hecha a su medida y bajo un esquema de violencia.

Judy Chicago 2024, fotografía cortesía de Minesh Bacrania.
Judy Chicago 2024, fotografía cortesía de Minesh Bacrania.

Judy Chicago es una de esas feministas que nos han dado posibilidades de una vida propia más allá de las imposturas patriarcales, repensando y creando todo un universo fuera de ese orden. Su obra no solo abrió caminos: abrió puertas que antes ni siquiera existían.

Nació en 1939 en la ciudad de Chicago, Illinois, con el nombre de Judith Sylvia Cohen. Desde niña quiso ser artista. Su padre, Arthur, era un activista socialista dentro del Partido Comunista de Chicago; su madre, May, había sido bailarina y trabajaba como secretaria.

De él heredó la conciencia social, la claridad política. De ella, el amor por el arte y la disciplina creativa. Por ella misma, la convicción de que las mujeres merecemos un lugar digno en el mundo. A los 14 años perdió a su padre por una peritonitis, una muerte marcada por el hostigamiento que el FBI le hizo por años, por ser socialista Esa pérdida la acompañó durante años, pero también la formó: entendió desde muy joven que la violencia del Estado y del patriarcado se entrelazan y que las mujeres cargamos con ambas.

Estudió en el Instituto de Arte de Chicago y, al terminar la secundaria (high school) buscó continuar su formación. La Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) le abrió las puertas y ahí comenzó la carrera que definiría su vida. En esos años conoció a Jerry Gerowitz, con quien se casó. Pero la vida volvió a golpearla: cuatro años después, Jerry murió en un accidente automovilístico. Judy, que ya había perdido a su padre, enfrentó otro duelo devastador. Aun así, terminó su licenciatura en arte en 1964.

En esos años empezó a crear un arte que hablaba de lo que vivía. Su activismo social y su acercamiento al feminismo le dieron herramientas para cuestionar lo que pasaba en su entorno profesional. Como mujer, su trabajo era permanentemente cuestionado. Mientras ella exploraba formas, colores y símbolos que incluían genitales femeninos y masculinos, sus maestros y críticos la acusaban de ser “demasiado explícita”, “demasiado política”, “demasiado mujer”. Pero Judy Chicago no se detuvo. El feminismo, como ella misma entendió, es un aprendizaje de toda la vida, una práctica constante. Y en los años sesenta y setenta, cuando la segunda ola feminista estaba tomando forma, Judy Chicago fue una de las mujeres que estaban creando esas posibilidades desde el arte.

Diciembre1970, anuncio Art forum, se nombró a sí misma Judy Chicago.
Diciembre1970, anuncio Art forum, se nombró a sí misma Judy Chicago.

Un punto de quiebre llegó en 1970, cuando participó en una exposición en el California State College de Fresno. La revista Artforum publicó un anuncio donde aparecía con el cabello corto y un gesto desafiante, junto a un texto que decía: "Judy Gerowitz (su apellido de casada) se deshace de todos los nombres que se le imponen a través del dominio social masculino y elige libremente su propio nombre: Judy Chicago”. Su apellido de casada estaba tachado y sobre él aparecía “Chicago”, escrito a mano (eligió “Chicago” por ser la ciudad donde nació; ese iba a ser su nombre en adelante, ya no el nombre de su padre o marido, sino el nombre que ella eligió). Debajo, otro anuncio decía “One Man Show”, con la palabra “Man” tachada y reemplazada por “Woman”.

Era una declaración pública: no volvería a ocultar su identidad femenina detrás de las imposiciones patriarcales. La examinaría de frente, desde su arte, desde su vida: “I was told all the time I couldn’t be an artist and a woman, too.” (Me decían todo el tiempo que no podía ser artista y mujer a la vez)[1].

Ese gesto marcó el inicio de una obra que transformaría la historia del arte. En 1970 fundó el primer programa de arte feminista en Estados Unidos, un espacio donde las mujeres podían crear sin pedir permiso, sin disculparse, sin minimizarse. Allí surgieron proyectos colectivos que hoy son fundamentales para entender el arte y feminismo contemporáneo. Judy Chicago decía que el arte feminista debía partir de la experiencia de las mujeres, no de los cánones masculinos. En sus palabras: “I wanted women to feel the power of their own stories, their own bodies, their own history” (Yo quería que las mujeres sintieran el poder de sus propias historias, de sus propios cuerpos, de su propia historia)[2].

Con toda esa revolución feminista surgió The Women’s House, fundado en 1973 en Los Ángeles en conjunción con las artistas Sheila Levrant de Bretteville y Arlene Raven. Fue el primer centro cultural, educativo y artístico dirigido completamente por mujeres en Estados Unidos[3]. Su sede, ubicada en North Spring Street, no fue donada ni adquirida: era un edificio rentado y rehabilitado por las propias fundadoras y por la comunidad feminista, sostenido mediante cuotas del Feminist Studio Workshop, talleres, donaciones pequeñas y trabajo colectivo. El proyecto nació como respuesta directa a la exclusión sistemática de las mujeres en museos, galerías y escuelas de arte, y buscaba crear un lugar donde las mujeres pudieran formarse, crear y exhibir sin la mirada patriarcal encima. Durante más de quince años, The Women’s House fue un epicentro del arte feminista. Funcionó de 1973 a 1991, año en que cerró debido a la falta de financiamiento y a los recortes culturales que afectaron especialmente a los espacios comunitarios[4]. Su legado permanece como uno de los experimentos feministas más importantes del siglo XX.

En 1974 comenzó el que quizá sea su proyecto más importante, The Dinner Party, monumental como la obra misma, esta se concluyó en 1979, después de cinco años de investigación, diseño y producción colectiva. Más de cuatrocientas mujeres participaron en el proyecto, entre artistas, bordadoras, ceramistas, investigadoras, historiadoras, voluntarias y estudiantes, todas reunidas en torno a una misma intención: recuperar la memoria de las mujeres borradas de la historia[5]. Judy Chicago organizó talleres, capacitaciones y sesiones de estudio donde se discutían textos feministas, se revisaban biografías y se analizaban las vidas de cientos de mujeres para decidir quiénes ocuparían los 39 lugares de la mesa triangular y los más de 900 nombres inscritos en el “Heritage Floor”[6]. Cada lugar fue dedicado a una figura histórica distinta —desde diosas antiguas hasta escritoras, científicas, activistas y artistas— y cada plato fue diseñado con un lenguaje visual que celebraba la vulva como símbolo de poder creativo, algo profundamente transgresor para la época (y más ahora). Los materiales utilizados fueron una mezcla deliberada de técnicas consideradas “femeninas”, como el bordado, la costura y el tejido, con procesos asociados a lo “masculino”, como la cerámica de alta temperatura, la pintura con aerógrafo y la construcción de estructuras monumentales[7].

Sappho Place Setting Judy Chicago
Sappho Place Setting Judy Chicago
Dinnerparty2
The Dinner Party, Judy Chicago 1979.

El proyecto requirió miles de horas de trabajo manual, investigación histórica y coordinación colectiva. Cuando finalmente se exhibió por primera vez en 1979 en el Museo de Arte Moderno de San Francisco (SFMOMA), causó un impacto inmediato: fue celebrada por miles de mujeres que, por primera vez, se vieron reflejadas en una obra de arte, pero también fue duramente criticada por sectores conservadores y por instituciones que no estaban Llistas para aceptar una narrativa feminista tan frontal. Con el tiempo, The Dinner Party se ha convertido en una de las obras más influyentes del arte y el feminismo del siglo XX. Desde 2007, se encuentra en exhibición permanente en el Elizabeth A. Sackler Center for Feminist Art del Museo de Brooklyn, ciudad de Nueva York, donde sigue recibiendo a miles de mujeres que, al recorrerla, descubren que la historia también puede escribirse desde nosotras.

Así, en su genio artístico, sus obras avanzaron sin freno; le siguió otro proyecto monumental: The Birth Project (1980–1985), otra obra creada desde la colectividad con ella como la líder que hace posible su manifestación artística, en esta ocasión buscó representar el nacimiento desde la mirada de las propias mujeres, algo prácticamente ausente en la historia del arte occidental, y con una clara propuesta que replanteaba todo el conocimiento actual, donde el gran surgimiento del universo no provenía de una explosión destructiva (el big bang), sino desde el punto de vista de las feministas; en realidad, el universo es un gran nacimiento emanado, por supuesto, de una madre creadora.

En esta postura radical de replanteamiento total de la historia, de la creación “religiosa” y de la explicación científica, reunió a más de ciento cincuenta bordadoras, tejedoras y artesanas de distintas regiones de Estados Unidos, muchas de ellas mujeres que no se consideraban artistas, pero que poseían un conocimiento profundo de técnicas textiles heredadas por generaciones[8].

El proyecto combinó imágenes diseñadas por Judy Chicago —inspiradas en mitologías, experiencias personales, relatos de parto y simbolismos corporales— con la maestría técnica de las colaboradoras[9], quienes transformaron esos diseños en tapices, bordados, acolchados y piezas textiles de gran formato. Para Judy, el nacimiento es una experiencia radicalmente creativa y profundamente política: “Women’s capacity to give birth had been erased from cultural imagery, leaving us without symbols of our own power.” (la capacidad de las mujeres para dar a luz ha sido borrada del imaginario cultural, dejándonos sin símbolos de nuestro propio poder)[10]. El proceso tomó cinco años de trabajo continuo, investigación, entrevistas con parteras y madres, una coordinación compleja entre decenas de talleres textiles. Las obras resultantes fueron exhibidas por primera vez en 1985, llevadas a múltiples sedes comunitarias y universitarias, siguiendo la intención de Judy Chicago de llevar el arte feminista fuera de los museos tradicionales. Hoy, gran parte del proyecto se conserva en el Museo de la Universidad Estatal de Nuevo México, donde continúa siendo estudiado como una de las exploraciones más profundas sobre la creatividad corporal y simbólica de las mujeres[11].

11139 Detail 2 In The Beginning
In The Beginning, The Birth Project (1980–1985), Judy Chicago.
Ttf.10452 Eu 70 Birth Special Technique
Birth Special Technique, The Birth Project (1980–1985), Judy Chicago.
Birthpproject2022
Birth Project, Judy Chicago 2022, fotografía de Mariana Pérez Ocaña.

Mientras tanto, también fue creando una crítica frontal: PowerPlay (1982–1987); aquí profundizó en la violencia masculina, la cultura del dominio y la construcción social de la masculinidad agresiva. La serie está compuesta por pinturas, dibujos y esculturas que representan cuerpos masculinos distorsionados, tensos, hipertrofiados, atrapados en su propia brutalidad. Escribió: “I wanted to understand how power becomes abuse, and how abuse becomes normalized” (Quería entender cómo el poder se convierte en abuso y cómo el abuso se normaliza)[12]. Aquí demuestra cómo la violencia no es un accidente, sino un sistema aprendido, celebrado y reproducido por las estructuras patriarcales. Se exhibió por primera vez en 1986 en el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles, generando debates intensos sobre la representación del cuerpo masculino y la crítica feminista al poder.

10203 Purple Atmosphere F
Purple Atmosphere, Judy Chicago.

A lo largo de su carrera, Judy Chicago también desarrolló una serie de intervenciones efímeras conocidas como Atmospheres/Fireworks/Dry Ice (1967–hasta la actualidad), donde ha utilizado humo de colores, pirotecnia y efectos atmosféricos para “feminizar el paisaje”. Estas obras buscaban liberar el color de los objetos y permitir que existiera en el aire, expandiéndose como una presencia viva. En 2019, Judy presentó una de estas intervenciones en San Francisco, llenando el cielo de nubes rosadas, violetas y doradas que transformaron el espacio público en un gesto poético y político[13]. Aunque efímeras, estas obras se han convertido en parte esencial de su legado, mostrando que el arte feminista también puede ser una experiencia sensorial que envuelve y transforma el entorno –tal y como lo hemos observado en las Marchas Feministas por el Día Internacional de la Mujer en la Ciudad de México–.

A finales de los años ochenta, Judy Chicago decidió mudarse a Belén, Nuevo México, buscando un espacio donde pudiera trabajar sin las presiones del mercado del arte y lejos de las dinámicas excluyentes de las grandes ciudades.

02 Belen Hotel Exterior Dsc09842 Donald Woodman
Hotel Belén exterior, espacio de arte de Judy Chicago y su esposo Donald Woodman.

El pequeño pueblo de Belén le ofreció silencio, amplitud, comunidad y la posibilidad de construir un estudio propio donde pudiera desarrollar proyectos de gran escala[14]. Su estudio en Belén se convirtió en un centro de creación, archivo y experimentación, donde ella ha trabajado por más de tres décadas. Ahí conserva bocetos, maquetas, documentos, piezas textiles, cerámicas, pinturas y materiales de investigación que abarcan toda su trayectoria. También ha convertido el espacio en un lugar de encuentro para artistas, investigadoras y estudiantes interesadas en el arte feminista.

Más recientemente, Judy Chicago presentó la exposición Judy Chicago: Herstory, organizada por LUMA Arles en 2023, una retrospectiva monumental que reunió más de sesenta años de trabajo[15]. La exposición mostró su obra, incluyendo un “museo dentro del museo” dedicado a mujeres artistas históricamente invisibilizadas, reafirmando su compromiso con la memoria feminista. Herstory[16] ha sido celebrada internacionalmente por su profundidad, claridad política y capacidad para conectar generaciones de mujeres a través del arte. La exposición confirmó que Judy no es solo una pionera del arte y el feminismo, sino una figura indispensable para entender cómo las mujeres hemos transformado la cultura desde nuestras propias experiencias.

A lo largo de más de seis décadas de trabajo, Judy Chicago ha producido una de las trayectorias más amplias y diversas del arte feminista contemporáneo. Su obra abarca cientos de piezas que incluyen instalaciones monumentales, proyectos textiles, cerámicas, pintura, performance, intervenciones atmosféricas y colaboraciones comunitarias que han redefinido la manera en que entendemos la creatividad de las mujeres.

Además de su producción visual, Judy ha desarrollado una sólida obra escrita: ha publicado más de veinte libros entre autobiografías, ensayos, catálogos críticos y reflexiones teóricas que documentan su proceso artístico además de la historia del arte feminista desde la mirada de una de sus protagonistas. Su trabajo literario es tan importante como su obra plástica, pues ha permitido que generaciones de mujeres accedan a un pensamiento feminista profundo, accesible y radical, ampliando el alcance de su legado más allá de los museos y los espacios artísticos.

Cada obra de Judy Chicago es una respuesta a cientos de preguntas, que abordan nuevos desafíos y vuelven a buscar reflexión desde la realidad de las mujeres y miles de años de opresión; son miles de posibilidades de futuro.

Como creadora, su pedagogía feminista también dejó huella. En sus clases, las mujeres aprendían a nombrar sus propias experiencias, a confiar en su intuición, a crear desde su propia historia. No era solo arte: era conciencia, era comunidad, era resistencia.

A sus más de ochenta años, Judy sigue viva, lúcida, trabajando, escribiendo, creando. Su retrospectiva Herstory confirmó lo que muchas feministas ya sabíamos: que su obra es indispensable para entender el arte contemporáneo, para entender cómo las mujeres hemos resistido, imaginado y creado mundos nuevos y que el feminismo apenas ha empezado a nombrarnos a nosotras mismas.

En México, su nombre aún no es tan conocido como debería; este artículo es un tributo y una invitación: a mirarla, leerla, sentirla, crear con ella. Reconocemos que su obra nos pertenece porque habla de nosotras, nuestras vidas, luchas, historias. Judy Chicago nos recuerda que el arte feminista no es un “estilo”: es una forma de existir en este universo. Una forma de afirmar que aquí estamos, que lo expresaremos desde nuestra propia voz y no nos vamos a callar, ni silenciar.

Judy Chicago y los gatos

En 1999, Judy Chicago —una ferviente amante de los gatos— emprendió un estudio exhaustivo sobre la historia de la especie felina. La serie de acuarelas resultante tardó muchos años en completarse, en parte porque las imágenes debían ser elaboradas con sumo cuidado; los gatos son notoriamente difíciles de dibujar, ya que solo permanecen quietos cuando duermen. Esta serie —recopilada en un libro publicado en 2005— se inspira en los tradicionales libros de horas (libros devocionales de la época medieval). Las acuarelas de Chicago son también “devocionales”, hacia la familia de gatos con la que ella y su esposo conviven. Encantadoras a la par que conmovedoras, estas imágenes revelan la individualidad de los numerosos felinos con los que la pareja ha compartido su vida, demostrando así el profundo respeto de Judy Chicago por todas las criaturas vivas, tanto humanas como no humanas.

195 Cat Shrine Installed In Belen Hotel 2018 Dsc05501 Scaled
Cat Shrine, instalación en Hotel Belén 2018, Judy Chicago.

Créditos al artículo:

  • Fotografías de Judy Chicago en portada y página, cortesía de Minesh Bacrania.
  • Imagenes ilustrativas cortesía del sitio web: judychicago.com/press-kit/
  • Otras fotografías tomas individuales de su exposición "A Retrospective of Judy Chicago", de Young Museum, San Francisco (2021–2022), Mariana Pérez Ocaña.

Bibliografía:

  • Chicago, Judy. Judy Chicago: In the Making (https://judychicago.com)
  • Google Arts & Culture. “Judy Chicago” (https://artsandculture.google.com)
  • Historia Arte (HA!). “Judy Chicago” (https://historia-arte.com)
  • Judy Chicago Official Website. “Early Work / Minimal” (https://judychicago.com/gallery/early-workminimal/ew-installations/).
  • LUMA Arles. “Judy Chicago: Herstory” (https://www.luma.org)
  • Panorama Journal. “Women Artists and Teaching: Institutional Time—Judy Chicago” (https://journalpanorama.org/article/women-artists-and-teaching/institutional-time-judy-chicago/)
  • Schmuckli, Claudia. “Introduction”, en Judy Chicago: In the Making libro, (https://judychicago.com).
  • The Women’s Building Archives (https://thewomensbuilding.org)
  • Wikipedia. “Judy Chicago”, (https://en.wikipedia.org/wiki/Judy_Chicago).
  • The Flowering: The Autobiography of Judy Chicago, tapa dura – 20 julio 2021.

Lista de algunas de sus obras monumentales.

  • Womanhouse (1972) fue una instalación colaborativa a escala de casa completa en Los Ángeles; cada habitación intervenida abordó roles y experiencias de género.
  • Atmospheres / Fireworks / Dry Ice (1969–presente), serie de intervenciones de gran escala con humo, fuegos artificiales y hielo seco para “feminizar” el paisaje, reactivada en distintos contextos e incluida su presentación en el de Young Museum de San Francisco.
  • The Dinner Party (1974–1979), instalación monumental en forma de mesa triangular con 39 platos dedicados a mujeres históricas y 999 nombres adicionales en la base del piso, además de manteles y otros cubiertos.
  • Birth Project (1980–1985), tapices y textiles realizados en colaboración con bordadoras y tejedoras para representar el parto y la creación desde una perspectiva universal feminista. PowerPlay (1982–1987), pinturas y obras de gran formato que exploran la violencia y el poder masculino.
  • Holocaust Project: From Darkness into Light (1985–1993), instalación multimedia sobre el Holocausto judío, la violencia y la memoria, realizada junto con Donald Woodman.
  • Resolutions: A Stitch in Time (1994–2000), serie de grandes piezas textiles que reescriben proverbios y valores culturales desde una ética feminista y comunitaria. International Honor Quilt (finales de los setenta–ochenta), proyecto colectivo compuesto por cientos de triángulos textiles creados por grupos de todo el mundo para honrar a mujeres y organizaciones.
  • The End: A Meditation on Death and Extinction (2000s–2010s), aquí en sus obras reflexiona sobre la muerte humana y la extinción de especies; es una crítica a lo que la humanidad le hace a la naturaleza.
  • Judy Chicago: A Retrospective, de Young Museum, San Francisco (2021–2022), retrospectiva de gran escala que reunió instalaciones, pinturas, textiles y proyectos monumentales a lo largo de seis décadas.
  • Judy Chicago: Herstory, LUMA Arles (2023), exposición que articula obra, archivos y diálogos con otras creadoras, consolidando su lugar en la historia del arte y feminismo.

Notas al pie de página:

[1]Judy Chicago, Advertisements in ArtForum, Oct-Dec 1970.

[2]Declaración de Judy Chicago citada en entrevistas sobre The Dinner Party.

[3]The Women’s Building Archives, Los Ángeles, 1973–1991.

[4]Sheila Levrant de Bretteville, Arlene Raven y Judy Chicago, documentación del Feminist Studio Workshop. El edificio fue declarado Monumento Histórico-Cultural de la ciudad de Los Ángeles en 2018, Sus archivos están preservados en el Getty Research Institute y el Smithsonian. Actualmente “en mantenimiento”.

[5]Judy Chicago, Institutional Time: A Critique of Studio Art Education (The Monacelli Press, 2014).

[6]Brooklyn Museum, “The Dinner Party,” Elizabeth A. Sackler Center for Feminist Art. El “heritage flor” (Piso de herencia), es una parte de la obra, es el piso donde descansa la mesa y platos, se compone de 2.300 baldosas de porcelana moldeadas a mano y ofrece un soporte tanto estructural como metafórico, están inscritos con lustre dorado los nombres de 999 mujeres míticas e históricas de gran trayectoria, seleccionadas para contextualizar a las 39 mujeres representadas en los platos y para transmitir “…cuántas mujeres habían luchado por alcanzar la prominencia o logrado dar a conocer sus ideas —a veces frente a obstáculos abrumadores— solo para ver (al igual que las mujeres de la mesa) sus logros, tan arduamente conquistados, marginados o borrados”, en sus propias palabras.

[7]Idem: Judy Chicago, The Dinner Party: A Symbol of Our Heritage (Anchor Press, 1979).

[8]Judy Chicago, The Birth Project (Doubleday, 1985).

[9]Cada obra colectiva lleva el nombre de quienes la hicieron junto a ella. En The Dinner Party, las bordadoras, ceramistas y voluntarias están documentadas una por una. En Birth Project, cada pieza lleva una etiqueta que dice, por ejemplo: “Judy Chicago, bordado (bordadora: Jane Gaddie Thompson)”. Más de ciento cincuenta mujeres de Estados Unidos, Canadá y Nueva Zelanda bordaron desde sus casas, a veces solas, a veces en grupo, y todas tienen nombre en la obra. En un mundo del arte construido sobre el mito del “genio solitario” una práctica patriarcal que invisibilizó por siglos las creaciones monumentales, Judy Chicago rompió la regla y al trabajar colectivamente decidió hacerlo juntas y decirlo, colocando siempre todos los nombres de quienes participaron y participan.

[10]Declaración de Judy Chicago en entrevistas sobre The Birth Project.

[11]New Mexico State University Art Museum, colección permanente del Birth Project.

[12]Judy Chicago, declaraciones sobre PowerPlay.

[13]Judy Chicago: A Retrospective, Museo “de Young”, Golden Gate Park, San Francisco, CA.

[14]Judy Chicago, entrevistas sobre su mudanza a Belén, NM.

[15]LUMA Arles, “Judy Chicago: Herstory,” exposición 2023. Centro de arte contemporáneo y campus creativo situado en Arles, Francia.

[16]Herstory, es una palabra surgida por el feminismo de la segunda ola, como una apropiación del lenguaje, para quitar el carácter masculino de la palabra “Hi-story” (historia de él), para nombrar la propia Historia de las mujeres (historia de ella).

Expojudy1
Four Questions 1993, Holocaust Project: From Darkness into Light, control, ética, medicina, deshumanización. Fotografía Mariana Pérez Ocaña.

Compartir: