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La E nos excluye y menos mal

La E nos excluye y menos mal.

Una reflexi贸n ling眉铆stica desde el Feminismo Radical de la Diferencia, 2018.

Andrea Franulic Depix

Andra Franulic
Andrea Franulic, foto de Libertad Retamal Adr铆an

鈥淵o soy la mente viva que no logr谩is describir en vuestra lengua muerta el nombre perdido, el verbo que sobrevive solo en infinitivo las letras de mi nombre est谩n escritas bajo los p谩rpados de la criatura reci茅n nacida鈥
(Adrienne Rich, La extranjera, 1972)11) Ver Adrienne, Rich, Galaxias de mujeres, Madrid, Sabina editorial, 2020. Traducci贸n de Arantxa Azurmendi Mu帽oa, Carmen Oliart Delgado de Torres y Ana Ma帽eru M茅ndez.

El texto aqu铆 presentado se public贸 originalmente en la p谩gina web: https://andreafranulic.cl/lenguaje/la-e-nos-excluye-y-menos-mal/, y en el libro 鈥淚ncitada, feminismo radical de la diferencia, Antolog铆a鈥, se reproduce la versi贸n del libro, con el permiso de la autora para LeSVOZ.

Hace algunos a帽os escrib铆 un texto para pensar el uso de la A en palabras como 鈥渃uerpa鈥, pensando este uso no por la motivaci贸n leg铆tima de parte de las mujeres que este tiene, sino por las implicancias m谩s profundas del uso de la lengua y por el riesgo de generar cambios que se queden solo en la superficie. Hoy, el uso de la E ha desplazado a cualquier otro. En estas condiciones, prefiero la A, pues la E es una invisibilizadora de las mujeres como siempre lo han sido los usos ling眉铆sticos patriarcales. Esta E surge en el contexto de la disidencia sexual y la necesidad de nombrar la experiencia transg茅nero, pero borra a las mujeres como la misma corriente feminista que teoriza sobre dicha experiencia, el postfeminismo. Si las mujeres queremos transformar la lengua, o bien, dejar de usar una lengua que nos niega, el camino de la E no es el que posibilitar谩 este deseo genuino y pol铆tico. La reflexi贸n de las feministas en torno al lenguaje patriarcal y a la importancia de nombrar las mujeres nuestra experiencia, es de larga data. Me gustar铆a presentar algunas de esas reflexiones, en especial, aquellas que provienen del feminismo radical y el feminismo de la diferencia, junto a las alternativas para zafarnos de los usos ling眉铆sticos patriarcales.
En principio, es fundamental aclarar algo que ya es muy sabido: la lengua es un espejo de la cultura y viceversa, y se intervienen mutuamente. Por eso, analizar la estructura de la lengua androc茅ntrica es muy esclarecedor para develar la estructura de la cultura patriarcal. Quiero iniciar con una te贸rica del lenguaje, Patrizia Violi, semi贸loga italiana, cuya perspectiva es la diferencia sexual22)Ver Patrizia, Violi, El infinito singular, Madrid, C谩tedra, 1991. Pr贸logo de Ana Ma帽eru M茅ndez.. La autora analiza las estructuras de las lenguas que se hablan en el planeta y concluye que todas son androc茅ntricas. 驴Por qu茅?, porque, en todas, la diferencia sexual femenina est谩 inscrita en sus estructuras, pero siempre de manera negativa. Esto se puede representar y sintetizar por la siguiente ecuaci贸n: femenino es igual a no-masculino, y masculino es igual a humano. Es decir, si las mujeres se quieren identificar con lo humano, deben homologarse a los hombres; si no sucede as铆, quedan proyectadas en una esfera de lo no-humano. Esto no debiese sorprendernos, pues sabemos que el mecanismo fundante de la civilizaci贸n androc茅ntrica es la negaci贸n de la diferencia sexual femenina.
Prefiero hablar de diferencia sexual en lugar de cuerpo sexuado, porque este 煤ltimo corre el riesgo de ser reducido a una mera categor铆a biol贸gica. Cuando nos referimos a diferencia sexual, estamos aludiendo al cuerpo como fuente significante, a la imposibilidad de separar el cuerpo de la palabra, a saber que el cuerpo, entonces, es tanto biol贸gico como semiol贸gico (creador de signos, de significados) y, por lo tanto, si la cultura patriarcal se esmera en negarnos, se debe a que, al mismo tiempo, niega el simb贸lico de la madre (conjunto de signos con sus significados), que se ha tejido a lo largo de los siglos desde la experiencia libre de las mujeres33)Ver Luisa, Muraro, El orden simb贸lico de la madre, Madrid, Editorial Horas y Horas, 1994.. Es decir, niega otra posibilidad de crear cultura y sociedad, de relacionarnos con nosotras mismas, entre nosotras y con el mundo. Junto con eso, al no dar cabida a esta diferencia, que es primaria, que es un hecho irreductible, instaura una cultura unidimensional que deja fuera la multiplicidad de la vida y la diferencia como principio de existencia.
La negaci贸n de nuestra diferencia se ha hecho de varias formas (viol谩ndonos, mat谩ndonos, cosific谩ndonos), y la lengua es una de estas formas que opera en el nivel simb贸lico. Su papel, como todo lo simb贸lico, es fundamental, dada la importancia que tiene para la especie humana, comparada con las otras especies que habitan el planeta44)Ibid.. Volviendo a Violi, ella nos dice que esta negaci贸n se imprime en la estructura profunda de la lengua, no en su superficie, pero se observa en esta 煤ltima. Con superficie ling眉铆stica se refiere, por ejemplo, al paradigma de los g茅neros gramaticales en el que se aplican los cambios ling眉铆sticos que provienen de distintas tendencias del feminismo o de aquellas que promueven un lenguaje no sexista: la 鈥揺 es parte de esto. La negaci贸n de la diferencia femenina en los g茅neros gramaticales se expresa con el predominio del masculino y la absorci贸n o 鈥渋nclusi贸n鈥 del femenino en este; as铆, decimos los alumnos, los ni帽os, el Hombre, etc., absorbiendo a las mujeres en estas expresiones. Como dije antes, la lengua es espejo de la cultura y viceversa.

Pero la 鈥揺 no est谩 tampoco visibilizando lo femenino, al contrario, tambi茅n lo absorbe (lo incluye). En el espa帽ol, la 鈥揺 es un morfema que expresa un predominio del masculino: estudiantEs, profesorEs, pescadorEs, doctorEs, etc.

Sin embargo, el tema principal para Patrizia Violi es salir de esta superficie, pues si la negaci贸n de la existencia de las mujeres se inscribe en la estructura profunda de la lengua, todos los cambios que se hagan en la superficie de la misma no afectar谩n dicha profundidad. Es m谩s, el sistema de la lengua, tan flexible como es, incorporar谩 estas modificaciones sin afectar su l贸gica interna, que seguir谩 siendo androc茅ntrica. 驴Y cu谩l es esta estructura profunda? La autora se帽ala que es la organizaci贸n elemental del significado o del sentido. Y esta se ubica en el l铆mite entre el cuerpo y la palabra, cuya relaci贸n es indisoluble. Es decir, en la organizaci贸n sem谩ntica profunda radican todas las dimensiones del sentido que tienen que ver con la experiencia vital de tener un cuerpo, que es sexuado: las percepciones, las sensaciones, las pulsiones, las emociones, las intuiciones, los sue帽os, el inconsciente, la sexualidad, entre otras. Todas estas dimensiones son parte del lenguaje y son capaces de simbolizar la experiencia, o semiotizarla, o sea, significarla, transformarla en palabra.
Es en dicho l铆mite entre cuerpo y palabra donde se imprimi贸, hace siglos, la diferencia femenina de modo negativo. Podr铆amos decir que, en este proceso nefasto para nosotras, lo femenino, entendido como sentido libre de ser mujer, mut贸 en 鈥済茅nero鈥, en estereotipo codificado por el r茅gimen patriarcal55) Ver Mar铆a-Milagros, Rivera Garretas, Nombrar el mundo en femenino. Pensamiento de las mujeres y teor铆a feminista, Barcelona, Icaria, 1994.. Pues el g茅nero, para nosotras, es eso, la absorci贸n de nuestra diferencia en el masculino, convirti茅ndonos en su l铆mite negativo y en su condici贸n de existencia66)Ver Patrizia, Violi, Op. Cit., 1991., lo que el patriarcado ha llamado, falazmente, complementariedad, pero que las pensadoras de la diferencia sexual denominan el r茅gimen del uno77)Ver Mar铆a-Milagros, Rivera Garretas, Op. Cit., 1994.. Violi se帽ala que hubo un corte hist贸rico entre la estructura profunda del significado y la experiencia de las mujeres. Este quiebre lo podemos explicar con el origen mismo del patriarcado y observar en el origen mismo de cada vida que nace; se relaciona con la p茅rdida de autoridad femenina88) Autoridad de 鈥榓ugere鈥, que significa 鈥榟acer crecer鈥; no quiere decir autoritarismo, que es patriarcal. Ver Librer铆a de Mujeres de Mil谩n, No creas tener derechos. La generaci贸n de la libertad femenina en las ideas y vivencias de un grupo de mujeres, Madrid, Horas y Horas, 2004., de la mano de la dominaci贸n de nuestros cuerpos.
La fil贸sofa italiana de la diferencia sexual, Luisa Muraro, afirma que aprendemos a hablar de la madre, y esta es la lengua materna99) Ver Luisa, Muraro, Op. Cit., 1994. 鈥揳rrebatada por el conocimiento con poder1010) Ver Mar铆a-Milagros, Rivera Garretas, La diferencia sexual en la historia, Espa帽a, Universitat de Valencia, 2005. Ibid. e institucionalizada por la educaci贸n formal. La pensadora describe este aprendizaje desde que habitamos la vida intrauterina y escuchamos las voces del exterior, principalmente, la del cuerpo que nos contiene. De esta manera, nacer, salir del 煤tero al mundo, se debe al impulso de querer aprender a hablar, nos dice la autora, pues as铆 como necesitamos el aire para respirar y lograr vivir, tambi茅n lo requerimos para los 贸rganos de la fonaci贸n y lograr hablar; en el inicio, son los primeros sonidos y balbuceos del habla, incluido el llanto. Y es la madre quien nos amamanta y nos habla, nos canta, susurra o recita antiguos versos. A medida de que crecemos, nos va mostrando el mundo: a cada cosa le corresponde una palabra, un nombre. Y la monta帽a ES la monta帽a. Nos fiamos en lo que nos dice. El deseo primario de la palabra crea un v铆nculo relacional con la madre y esta relaci贸n se basa en la confianza. Esta es la lengua materna y el simb贸lico de la madre (el simb贸lico de la madre es la lengua que hablamos, dice Mar铆a-Milagros Rivera1111) Ibid).
Cuando la madre no est谩 presente, siempre hay alguien que ense帽a la lengua en su lugar1212) Ver, Luisa, Muraro, Op. Cit., 1994., en general, otra mujer. Es importante recordar que, innumerables veces, estas experiencias de nacimiento y crianza est谩n llenas de dolor y abandono, est谩n quebradas en las vidas de muchas y de muchos, porque nacemos en un mundo patriarcal donde la capacidad de dar vida de las mujeres 鈥搄ustamente aqu铆 radica el corte del que nos habla Violi鈥 es usurpada e institucionalizada, transformada en servicio a los hombres y a su r茅gimen simb贸lico, basado en la violencia, la desconfianza, lo monol贸gico.

Esto implica que a las mujeres nos escinden de nuestro origen y genealog铆a; quedamos expuestas a las operaciones de negaci贸n de los hombres, a tener que significarnos en referencia a ellos y a asumir sus fantas铆as/perversiones como propias. As铆 es, la lengua materna es usurpada al mismo tiempo que es usurpada la autoridad de la madre en la cultura patriarcal.

La madre es desplazada por el padre, por su palabra, su ley y su tradici贸n de pensamiento mis贸gino y falocr谩tico1313) Ver Luisa, Muraro, Op. Cit., 1994.. La maternidad es arrebatada para ser codificada como una 鈥渋nstituci贸n de vanguardia鈥 de la cultura patriarcal, junto a la heterosexualidad obligatoria, dice Adrienne Rich1414) Ver Adrienne, Rich, 鈥淗eterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana (1980)鈥, "Sangre, pan y poes铆a", Barcelona, Icaria, 2001., escritora estadounidense, lesbiana y feminista radical. La relaci贸n de la madre con la hija es intervenida por el patriarca; es el v铆nculo geneal贸gico primario donde el padre irrumpe para arrebatarnos la energ铆a creativa, la palabra, a las mujeres.
De esta manera, se nos fragmenta entre el cuerpo y la palabra1515) Ver Luisa, Muraro, Op. Cit., 1994., volc谩ndonos a aprender, en la ense帽anza establecida, un lenguaje ajeno, el androc茅ntrico, que nos niega y denigra desde su m谩s profunda estructura, y nos obliga a sentirnos incluidas en el sujeto que se pretende universal, el Hombre. Mercedes Bengoechea, ling眉ista feminista espa帽ola, que estudia la teor铆a ling眉铆stica de Adrienne Rich, se帽ala que las mujeres tenemos dos nefastas salidas frente al uso de este lenguaje: el silencio o la enajenaci贸n1616) Ver Mercedes, Bengoechea, Adrienne Rich: g茅nesis y esbozo de su teor铆a ling眉铆stica, Ayuntamiento de Alcal谩 de Henares, 1993.. El silencio, no como imposibilidad de las mujeres, sino como una imposibilidad del lenguaje mismo, por lo tanto, representa nuestra resistencia a no querer hablar un lenguaje que nos niega o no nos interpreta. La enajenaci贸n (confusi贸n y desequilibrio) surge cuando no queda otra opci贸n, para ser escuchadas, que usar dicho lenguaje, y tener que percibir y organizar los elementos del mundo de manera androc茅ntrica y mis贸gina. Ni la mudez ni la enajenaci贸n son salidas para nosotras. Quedarnos sin lengua propia es dram谩tico1717) Con lecturas m谩s recientes, me doy cuenta de que nunca nos quedamos sin lengua propia, la lengua materna siempre est谩 ah铆, lo que sucede es que no la vemos, porque le dejamos de reconocer autoridad a la madre. Ver Mar铆a-Milagros, Rivera Garretas, Op. Cit., 2005., pues conlleva no poder codificar (a veces, ni siquiera lograr llevar al plano de la conciencia) nuestras experiencias internas.
Al tratarse de una usurpaci贸n, muchos elementos del lenguaje del padre son nuestros, pero, al haber sido hist贸ricamente robados, aparecen llenos de mentiras y tergiversaciones sobre nuestras vidas. El robo siempre va acompa帽ado de mentiras. Pensemos en el hilar hist贸rico de nuestros territorios, como dice Nadia Rosso, ling眉ista feminista mexicana, donde la lengua materna de las mujeres de nuestro continente fue arrebatada por los hombres violadores europeos; y recordemos todas las mentiras que han circulado sobre la colonizaci贸n del mismo. En este sentido, Adrienne Rich plantea que la cultura patriarcal se fundamenta y perpetra sobre la base de grandes silencios sobre nosotras, que se expresan en vac铆os l茅xicos, es decir, en la ausencia total de un t茅rmino para nombrar determinada realidad (la inexistencia de palabras para la experiencia de la maternidad y la sensualidad libre de las mujeres), en parcelaciones (cuerpo y mente; amor y pol铆tica, entre muchas otras), falsedades (revisemos el repertorio ginecol贸gico y el ocultamiento de sus torturas hacia nuestros cuerpos, por dar solo un ejemplo), descalificaciones y deformaciones de nuestra experiencia1818) Ver Mercedes, Bengoechea, Op. Cit., 1993..
Dice Mary Daly, te贸loga estadounidense, lesbiana y feminista radical, que la palabra 鈥済lamour鈥 era parte del simb贸lico de las brujas y expresaba su poder sobrenatural (鈥渉echizo m谩gico鈥), sin embargo, en la actualidad, 鈥渆l poder del t茅rmino est谩 enmascarado y ahogado鈥 al punto de transformarse en un nombre para revistas de moda, que objetualizan el cuerpo femenino1919) Ver Mary, Daly, Gyn/Ecology. The metaethics of radical feminism, Boston, Beacon Press, 1978, p. 8.. U observemos el paradigma l茅xico de los lenguajes patriarcales donde las palabras femeninas, o dirigidas a las mujeres, est谩n siempre connotadas peyorativamente y asociadas a un doble sentido sexual (perra en lugar de perro). Estos grandes silencios se refieren a la ya descrita relaci贸n elemental con nuestras madres, y a tres m谩s que se desprenden de este: el silenciamiento de nuestra historia y genealog铆as, el de las verdades de nuestro cuerpo sexuado como fuente significante y el de los lazos entre mujeres, colocando especial 茅nfasis en el de la existencia lesbiana (la misma palabra lesbiana a煤n para muchas es casi impronunciable, o bien, pronunciable dentro de los c贸digos dominantes)2020) Ver Mercedes, Bengoechea, Op. Cit., 1993..
Adrienne Rich plantea, como salida, hablar una lengua com煤n de las mujeres, basada en nuestra experiencia colectiva. Luisa Muraro y Mar铆a-Milagros Rivera se帽alan la necesidad de hablar en lengua materna sin la mediaci贸n de los tecnicismos ni del sujeto falso universal del conocimiento con poder desde donde se yerguen las disciplinas, artes y ciencias. Hablar en lengua materna, entonces, se refiere a la relaci贸n directa entre la cosa y la palabra que la nombra, tal cual lo aprendimos en nuestra primer铆sima infancia. Lengua com煤n y lengua materna son, en definitiva, la lengua (del mismo modo que la historia de las mujeres es, finalmente, la historia de la humanidad2121) Ver Mar铆a-Milagros, Rivera Garretas, Op. Cit., 2005.). Por su parte, Patrizia Violi enfatiza la importancia de hablar en primera persona para que las mujeres imprimamos, en el discurso, una diferencia femenina aut贸noma y no complementaria de lo masculino.

Todas las pensadoras rescatan los espacios que consisten en tomar conciencia y tomar la palabra como pr谩ctica pol铆tica, pues, en ellos, las mujeres podemos hablar a partir de nuestra experiencia (hago la necesaria salvedad de que hablar desde nuestra experiencia es opuesto a hablar desde la ideolog铆a, aun cuando esta sea feminista2222) Ver Librer铆a de Mujeres de Mil谩n, Op. Cit., 2004.); podemos crear simb贸lico de la madre y encontrarlo encarnado en nuestras vidas 鈥渁qu铆 y ahora鈥; podemos descubrir a nuestras antepasadas y reconocer a nuestras contempor谩neas. As铆 se cambia la lengua y el mundo, porque, como se帽ala Rich, 鈥渆n el simple hecho de volverse m谩s consciente de su situaci贸n en el mundo, una mujer puede sentir m谩s que nunca c贸mo entra en contacto con su inconsciente y su cuerpo2323) Ver Mercedes, Bengoechea, Op. Cit., 1993.鈥. Con las palabras de Violi, entra en contacto con las dimensiones profundas del sentido.

M谩s que 鈥渋nventar鈥 una nueva lengua, se trata de descubrir y recuperar la que nos pertenece2424) Ver Mar铆a-Milagros, Rivera Garretas, Op. Cit., 2005, lo cual implica, entre otras acciones, renombrar aspectos de nuestras vidas, hallar expresiones perdidas en el ocaso y resignificar palabras tergiversadas, retorn谩ndoles su 茅timo (ra铆z). Para Adrienne Rich, ser谩 sacar a la luz los contenidos de los grandes silencios que ha mantenido el patriarcado para perpetuarse como civilizaci贸n. Para Audre Lorde, poeta negra, lesbiana y feminista radical, ser谩 navegar en las aguas profundas, oscuras y vetustas de nosotras mismas para revelarnos en una poes铆a que no es un lujo, sino una necesidad de sobrevivencia2525) Ver Audre, Lorde, La hermana, la extranjera, Madrid, Horas y horas, 2003.. Pero esta sobrevivencia no es solo 鈥渟eguir viviendo鈥. Es, como dice Mary Daly, 鈥渧ivir m谩s all谩鈥, m谩s all谩 del primer plano de los padres, que es superficial, violento y mentiroso; mort铆fero, cruel y depredador. Es atravesar todas sus capas para llegar al trasfondo de nuestros deseos genuinos.
Como podemos interpretar en estas pensadoras de nuestra genealog铆a, no todo es patriarcado2626) Que el patriarcado nunca ocup贸 la vida entera de una mujer, lo aprend铆 leyendo a Mar铆a-Milagros Rivera Garretas., por eso, es tan importante encontrar las verdades de nuestros cuerpos, relaciones e historia. Pensar que todo es patriarcado es quedarnos en el primer plano superficial de los padres, analizando, pensando y haciendo pol铆tica desde ah铆. Y, como sabemos, gracias a Audre Lorde, 鈥渓as herramientas del amo no desmontan nunca la casa del amo鈥, aunque vengan vestidas de feminismo2727) Ibid.
La radicalidad de estas reflexiones se manifiesta, porque todas viajan hacia la ra铆z: la ra铆z de la lengua, es decir, hacia la estructura profunda del significado; la ra铆z de las palabras para rescatarles su 茅timo; la ra铆z del patriarcado para desmontar los cimientos de su civilizaci贸n y de las instituciones que la albergan; la ra铆z de nuestros cuerpos, o sea, hacia nuestra diferencia sexual como fuente significante, con su cl铆toris (que distingue el placer de la reproducci贸n) y su capacidad de ser dos2828) Ver Mar铆a-Milagros, Rivera Garretas, Op. Cit., 2005. (la ejerzamos o no); la ra铆z de nuestra historia y la de nuestro nacimiento (saber que nacemos del cuerpo de otra mujer). Es muy distinta esta pr谩ctica pol铆tica a la teor铆a que considera que todo es construcci贸n discursiva o que el lenguaje es un fin en s铆 mismo, y se apoya en performatividades de m煤ltiples colores, que producen harto efecto especial, pero poca consistencia existencial.

Usar la E (o la X) es parte de ese juego y, por lo mismo, profundiza la ignorancia sobre la vida nuestra y sobre las autoras que, con significativos costos para ellas, trabajaron por hacernos el mundo m谩s vivible.

Pero no hay que confundirse, porque reflexionar sobre la lengua s铆 nos convoca, sobre todo, en tiempos de E, de X, de @, o sea, en tiempos donde solo importan las formas. La E, en este momento, se destaca por sobre los otros morfemas de g茅nero. Pero como el resto, la E nos excluye, y menos mal, pues como dice Carla Lonzi2929) Ver Carla, Lonzi, Escupamos sobre Hegel, Buenos Aires, Editorial La Pl茅yade, 1978. , hemos estado, durante milenios, excluidas de la Historia de los hombres: 隆aprovech茅monos de esto! Virginia Woolf exclama que no quiere estar ni en los estantes polvorientos de las bibliotecas ni tampoco dentro de las puertas cerradas de las iglesias3030) Ver Virginia, Woolf, Un cuarto propio, Madrid, Sabina, 2018. Traducido en femenino por Mar铆a-Milagros Rivera Garretas.. Muchas no queremos ser incluidas, queremos ser libres de los estereotipos femeninos, codificados por el r茅gimen patriarcal y reproducidos por sus instituciones r铆gidas (amor rom谩ntico, matrimonio, papeles consagrados de la familia鈥) Queremos sacar, de nuestra exclusi贸n, la potencia pol铆tica y transformadora que necesitamos para descubrir nuestro simb贸lico y su lengua materna, hilados por todas aquellas que han creado este sentido libre de ser mujeres. Por 煤ltimo, parte de nuestro orgullo descansa en no sentirnos responsables del desastre de la cultura patriarcal, cuya decadencia tambi茅n se debe al lenguaje que la representa, el androc茅ntrico.
La discusi贸n, en las instancias de poder postpatriarcal, en torno a los g茅neros gramaticales, se sostiene en la ignorancia acerca de la historia de las mujeres, del pensamiento libre de las mujeres (una ignorancia que necesitan mantener sin duda), entonces, las聽universidades y las instituciones alardean que un manual de lenguaje inclusivo es una salida muy progresista, pero 驴no es acaso la sofisticaci贸n del mismo fundamento patriarcal de siempre, del mismo modus operandi que absorbe la diferencia sexual y reinstala el r茅gimen del uno3131) Ver Mar铆a-Milagros, Rivera Garretas, Op. Cit., 1994.? Si el pensamiento libre de las mujeres se estudiara, se leyera, se conociera su genealog铆a, hombres y mujeres podr铆an, al menos, identificar los disfraces que toma el r茅gimen del uno. Como he dicho, el uso del morfema E, en un acto de renovado androcentrismo, intenta aglutinarnos dentro de una supuesta neutralidad que no existe, porque no existe en la vida, ya que no existe en el cuerpo y, por lo tanto, no existe en las palabras. Es la manera, alambicada y absurda, en que el poder, patriarcal y ag贸nico, intenta disfrazar la representaci贸n ling眉铆stica de su sujeto masculino, pretendidamente universal, aspiracionalmente neutro. Como dice Mar铆a-Milagros Rivera Garretas, la lengua materna no miente3232) Ver Mar铆a-Milagros, Rivera Garretas, Op. Cit., 2005.; todos los neutros terminan develando, tras de s铆, a un masculino agazapado y cobarde, con su l铆mite negativo en femenino.
Abandonar el uso del g茅nero gramatical, pretendidamente universal y neutro, e inscribir el significado libre de nuestra diferencia sexual femenina en la lengua, debe ocurrir de forma aut茅ntica en nosotras. Solo as铆 se expresar谩 naturalmente en la superficie de la lengua, removiendo la recursividad infinita de su sistema. La lengua es un 贸rgano vivo, en tanto pertenece a quien la habla, y quien la habla, mujer u hombre, est谩 ligada(o) a su cuerpo sexuado. No ocurren sus transformaciones por decreto de ley3333) Ver Luisa, Muraro, Op. Cit., 1994. ni por arbitrariedad ideol贸gica o porque debamos ser pol铆ticamente correctas(os), porque eso que parece transformaci贸n solo est谩 afectando el plano normativo del lenguaje. Las palabras sacan a la luz del sol nuestras necesidades, deseos, emociones encarnadas(os) a nuestra diferencia sexual, que es contraria a la identidad3434)Ver Mar铆a-Milagros, Rivera Garretas, Op. Cit., 2005..

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