No puedo hablar de la poesía de Reyna Barrera desde un punto de vista referido sólo al libro: De largo aliento, que nos ocupa hoy. Me cuesta mucho a veces, desvincular los hechos recientes del hecho general, porque pienso que este último, el hecho general, tiene que ver con lo que somos.
Las poetas, tal vez algo más que las narradoras, tenemos un eje. Creo que se debe a que nuestra expresión se rige por lo emocional y las referencias que contamos provienen directamente de la emoción, sin recurrir más de lo necesario al anecdotario que nos rodea.

Si alguien quiere saber qué es la poesía como desafío, para qué sirve, debe acudir a Reyna Barrera. Es una mujer de causas, pero entre las causas a elegir en la lucha social, eligió la lésbica y luchó hasta hoy desde ese guerrero de obsidiana que ha atravesado sus sueños a partir de sí misma, en la identificación con las demás. Porque esta causa las abarca todas, su defensa y sus logros posiciona a las mujeres lesbianas y heterosexuales, en la lucha por la igualdad con todo lo que ella implica. Justamente porque somos sexo y género y, como tal, es más lo que nos une de lo que nos distingue de las diferentes. Y miren que es necesaria la unidad en el mundo actual.
En tal sentido Reyna es una visionaria, que no solo puso su expresión poética al servicio de la causa, sino que al hacerlo, exhibió cuando pocas lo hacían, una visión trascendente del modo femenino de amar, con la capacidad de trasmitir los matices de la pasión femenina, de la entrega, de los riesgos y de los valores que implica la protección entre nosotras.
Para ello abrió una caja de herramientas presidida por su particular manejo de la metáfora y el símil y la filiación a palabras que lo dicen todo sobre su poesía. El mensaje que nos recibe al abrir “De largo aliento”, explica lo que afirmo:
El fantasma de filo de cuchillo,
el guerrero de obsidiana
que atraviesa los sueños,
se acerca por el valle
donde mis brazos
corren
paralelos como ríos.
Ese primer indicio lo anuncia todo: el fantasma, guerrero de obsidiana, nos guiará por el camino de un poema abierto por ese encuentro entre el guerrero y el río, que promete la aventura de un recorrido por ese camino central que habita la poesía de Reyna.

Un libro de Reyna se podrá abrir por cualquier página; justamente porque su lectura avanzará a través de una ruta trazada que, como río subterráneo, nos llevará hacia la esencia del mensaje.
Observo en su obra no solo la coherencia del verso, sino la claridad propuesta desde la emoción y expresada en un pensamiento antiguo, descubierta por ese fantasma que recorre la historia, pugna por apropiarse de ella y se revela en el espacio del olvido. Y me pregunto: ¿la poesía es un fantasma? Tal vez sí, su condición para aparecer cuando menos se lo espera y desaparecer cuando se le persigue así lo indica.
Este libro da una lección de vida, emocional, sentimental, pasional, erótica, que se imparte con entrega, acciones, secretos revelados, pero sobre todo con la percepción de una mirada vigilante sobre la autora. Solo al final sus pasos la llevan a un desenlace que podría coincidir con el de una historia narrada, aunque dudo que ese cierre sea tan contundente como aquí:
Por todos los que han vivido
en mí y después se
han convertido
en fantasmas, como tú.
La tercera palabra
es el amor que se olvida.
Poesía que se vale del misterio. Poesía traviesa que juega con la lectora, le da pistas impredecibles, la confunde. Expresión elocuente de la poeta traviesa que es Reyna Barrera. En correspondencia con ello, la dejo con la pregunta traviesa, que no por frecuente ha agotado sus respuestas:
¿Qué es poesía, Reyna?

Libro "De largo aliento" de Reyna Barrera, promoción cortesía de Canal Once TV, México.