Del Sexilio al Matrimonio, de Norma Mogrovejo presentado por Francesca Gargallo Celentani

Del Sexilio al Matrimonio, ciudadanía sexual en la era del consumo neoliberal. De Norma Mogrovejo Aquise.

Prólogo de Francesca Gargallo Celentani. Escrito el 23 de noviembre de 2014 en la Ciudad de México. 3ª edición DDT Liburuak, Bilbao 2018, se reproduce con permiso de la autora del libro.

 La mirada que Norma Mogrovejo lanza sobre el consumo de la disidencia por parte del capitalismo y sobre el consumo capitalista por parte de las y los disidentes sexuales, la lleva a percatarse de sutiles lazos entre acciones aparentemente diferentes y separadas en el tiempo.
Exiliada de Arequipa, Perú, porque en la década de 1980 le faltaron referentes políticos con los que asirse de su sexualidad, crítica de los parámetros hetero-construidos de las relaciones de pareja, acosada por los celos y los moralismos de las organizaciones lésbicas que se fueron institucionalizando en la década de 1990, Norma ha hecho del estudio de la historia social de las formaciones lésbico feministas latinoamericanas y del diálogo entre mujeres que disienten de la sexualidad reproductiva el lugar de una mirada antisistémica precisa. Se encuentra ahora en un momento de madurez reflexiva que le confiere una seguridad atrevida: el derecho a cuestionar los aparentes logros de las políticas lésbico feministas al interior de un sistema capitalista que se pretende global.
Durante diez años se ha cuestionado sobre el “sexilio”, eso es, las migraciones y exilios que las mujeres lesbianas emprenden para escapar de la persecución comunitaria, la discriminación social y la vigilancia de familias que procuran controlar, negar o “curar” su sexualidad. Ha recogido historias de vida tristes, terrificantes y muy valientes. Con ellas reconstruyó una posible historia de Nuestramérica: la de las resistencias y escapes de las estructuras heteropatriarcales que se reforzaron con la invasión española y se convirtieron durante la colonia en cárceles para todas las mujeres, aunque cárceles con especificidades relativas al lugar social, la matrimonialidad y la racialización de cada una.
Sexilio y familia se han tornado así en las dos líneas de comprensión de cómo la fuga de la represión sexual puede culminar en algo imprevisto, por ejemplo en la veneración de elementos culturales del “norte” o la recomposición de la estructura heteropatriarcal racista en las parejas monogámicas del mismo sexo.
Norma Mogrovejo se adentra, por tanto, en los procesos de ciudadanización en tiempos neoliberales e identifica mecanismos de reconducción de la rebeldía a patrones de clase y ubicación social determinada por la percepción racista del trabajo, la familia y la construcción de los conocimientos. A Norma no se le escapa que muchas mujeres lesbianas se vuelven a sentir atrapadas aunque, aparentemente, han alcanzado el derecho a nombrar su amor.
Cuando Norma Mogrovejo dejó Perú en 1988, las lesbianas conscientes no tenían lugar en el país. Algunas salieron aprovechando una novia extranjera y viajaron principalmente a Europa y Norteamérica, donde les esperaba la libertad de amar. Otras, como ella misma, se asieron de los estudios para marcharse. Pronto a Norma la familia se le reveló tal y como es: una institución heterosexual y heterosexualizante que, de manera compulsiva, inocula en las mujeres la dependencia de los hombres y sus símbolos e instituciones, para conducirlas a una maternidad obligatoria y expropiada.
Si para los hombres la compulsión heterosexual de la cultura redunda en una hipersexualización de sus relaciones (la misma que construye a las mujeres como “sus” objetos sexuales), para las mujeres se convierte en una imposición estética: su arte es la representación del rol pasivo de quien atrae y ejecuta el deseo de matrimonio y maternidad. Para muchas lesbianas, rebelarse a esa estética implicó el exilio de la familia. Pagaron el precio de la auto expulsión del núcleo afectivo para ejercer su libertad sobre el propio proyecto de vida, el rechazo al matrimonio y la maternidad obligatoria.
Norma me contó hace poco de una lesbiana activista que, en Arequipa, entabló una queja en las oficinas del Juzgado de Familia porque su hermana mayor la golpeaba por ser lesbiana y el cuñado la amenazaba de violación como medida correctiva. El Juez de Familia falló en favor de la lesbiana e impuso a los agresores no traspasar un límite de distancia y una multa. Una denuncia por acoso y discriminación sexual que muchas lesbianas no saben todavía que podrían entablar.
Sin llegar a estos extremos, en los hogares tradicionales se finge no ver la “diferencia” afectiva de uno de sus miembros con la sexualidad reglada e impuesta como normal. Son núcleos de convivientes que se molestan cuando una lesbiana se afirma o cuando presenta a sus compañeras como parejas. Alejarse de la familia, entonces, es el modo para permitirse una subjetivación, la vía de acceso a invetar nuevas formas de relaciones que no repoduzcan el modelo familiar.
Ahora bien, las condiciones actuales del sexilio familiar se dan en contexto neoliberales ligado a las reglas del consumo. Por un lado, lesbianas, homosexuales, bisexuales, y la mayoría de los disidentes sociales políticos hoy son expulsados de sus lugares de origen, perdiendo el propio territorio, los bienes y los afectos. Cada vez más el ejercicio de los Derechos Humanos está ligad a privilegios de clase, capacidad adquisitiva, posibilidades de consumo, trocándose los derechos humanos en bienes de acceso restringido a los que no pueden acceder los nuevos parias (migrantes, deudores, sin trabajo, indigentes criminalizados). Por otro lado, los homosexuales que a través de una larga lucha han logrado el reconocimiento de su ciudadanía, se convierten fácilmente en un “gay set” de consumidores del “mercado rosa”.
Hace una década todavía, para los “putos”, “machorras” y disidentes sexuales, sexiliarse era una opción, no obstante, confundieron su libertad sexo-afectiva con el american way of life. Abogaron por la ciudadanización de ese estilo, se hicieron de “derechos”, lucharon por reconocimientos, sin darse cuenta que el sistema de consumo les condicionaba la ciudadanía a la integración en sus relaciones afectivas de esos valores de la heterosexualidad que sostienen el sistema económico neoliberal: capacidad de ahorro acumulación de bienes, herencia y reproducción.
Las hijas consentidas del nuevo capitalismo que aparentemente no las discrimina por motivos de su sexualidad son las lesbianas que más se han disciplinado a la institución matrimonial (que en el mundo occidental se ufana de ser monogámica y excluyente) y a la maternidad física, no adoptiva. Para ellas, la ciencia médica ha afinado sistemas de reproducción asistida que ofertan sofisticados planes de disciplinamiento, con sus divisiones racistas y de clase. El uso estético y ético de la liberación de la naturaleza mediante la imposición de un sistema reproductivo costoso (en el que se puede comprar el esperma de hombres con determinados fenotipos) vuelve a atrapar a las lesbianas en las dinámicas de la propiedad privada sobre las hijas e hijos, propias de las familias sobre las que descansa el sistema neoliberal y colonial de Nuestramérica.
Sexiliarse deja de ser importante ahí donde las leyes reconocen derechos a las y los disidentes sexuales. Es un logro del movimiento institucional que ha luchado porque la disidencia fuera reconocida… y dejara de ser disidencia. En efecto, cuando las lesbianas se casan, se integran al modelo universal hegemónico de familia y reproducen las relaciones sociales vigentes de obediencia y consumo.
Del estudio del sexilio a la crítica de la familia lésbica, Norma Mogrovejo no ha abandonado la pista sutil de la infiltración capitalista en la vida de las personas. Si el primero de los dos textos reunidos en esta publicación nos habla de la persecución, la tortura, el sojuzgamiento de la disidencia sexual y sus dificultades para alcanzar una subjetivación, en países donde la discriminación racial y la xenofobia producto de los nacionalismos, no dejan más opciones a las lesbianas que la migración y el exilio, el segundo nos lleva a reflexionar sobre los riesgos de la falsa conciencia en el ejercicio de los derechos económicos y de transmisión de la ciudadanía que se adquieren al conformar una familia.
La lectura del presente libro seguramente no nos deja incólumes. Si de la fuga como mecanismo de sobrevivencia y principio de la propia subjetivación hemos caído en el ordenamiento, estamos todavía a tiempo de hacernos conscientes de nuestros actos y optar por otras formas de afectividad y relaciones interpersonales.

Todos los libros pueden ser adquiridos en nuestra tienda en linea: www.lesvoz.com incluido el titulo Contra Amor de Norma Mogrovejo: éste otro libro es una compilación de varios textos y testimonios de mujeres lesbianas que practican diferentes formas de amor que van desde el poliamor entre mujeres, relaciones abiertas y otras formas de ejercer su amor, cuyas relaciones salen de la forma “tradicional” del amor monógamo, entre otras particularidades.
Presentado por Ediciones desde abajo, 1a edición de 2016.

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