Victoria Enriquez

Victoria Enríquez

Es originaria de la ciudad de México dónde nació el 14 de agosto de 1945, pero siempre ha vivido en Chilpancingo, Guerrero, ciudad de la cual su madre y padre eran originarios.

Estudió en la Escuela Normal Superior, Lengua y Literatura, y en la Universidad Autónoma de Guerrero se graduó de Sociología, en dicha universidad laboró como docente en Ciencias Sociales hasta el año 2005.

Escritora, feminista, lesbiana, ha publicado: Bajo el polvo de arroz, cuentos (1987); Linderos, novela corta (1988); Con fugitivo paso, cuentos (1997); Misoginia; del odio a la obsesión, estudio de género (1998); 2a edición de Linderos, (noviembre de 2001); Adiós y nunca, novela (2004); Al abrigo del viento, novela histórica (2008).

Se incorporó al Consejo Editorial de LeSVOZ, A. C. en 1998, y ha colaborado con varios artículos dentro de la Revista LeSVOZ.

Victoria escribe en su libro: Misoginia, del odio a la obsesión. Analisis para una investigación sobre la existencia de la misoginia entre las mujeres. 2a Edición, Editorial LeSVOZ, A. C. (págs. 29-30):

«La influencia de la sociedad patriarcal en las actitudes de la relación amorosa lésbica.»

¿En qué medida las formas de lesbianismo son una consecuencia cultural patriarcal?

«La sociedad patriarcal es el paradigma a seguir, no hay otro. Si algunas mujeres lesbianas reproducen en su vida cotidiana a la pareja heterosexual: el consabido matrimonio marido-esposa, se debe a que ese es el paradigma. Sin embargo, el lesbianismo existente no es una consecuencia cultural patriarcal, es una de las expresiones de la sexualidad humana y no todas las parejas lésbicas reproducen el esquema heterosexual; por eso, si esto se desconoce no queda otro camino enfrente que el único conocido.
Pero a pesar del paradigma, existe una enorme variedad de concepciones sobre la pareja lésbica, que ha existido siempre en todas las épocas históricas que conocemos. Normales en algunas sociedades, transgresoras en otras, las lesbianas del mundo no difieren en sus complejos y traumas de las mujeres heterosexuales, tanto unas como otras han tenido padres ausentes, simbiosis con la madre, narcisismo, rechazo a la figura masculina o paterna, rechazo por las modas femeninas dominantes o identificación con lo masculino, etc. Por lo mismo existe entre unas y otras la aceptación de los mismos mitos y costumbres, la misma enemistad histórica, la misma misoginia heredada de la sociedad patriarcal.
“Algunas lesbianas lo son públicamente, y desde luego que son agredidas y rechazadas, en primer término, por las otras mujeres y luego por los hombres”.
Los hombres homosexuales también reproducen el mismo, o será mejor decir, los mismos paradigmas, puesto que al igual que las mujeres lesbianas, sólo tienen otra preferencia sexual, que no menoscaba el hecho de que sean hombres, educados por una sociedad patriarcal para ser servidos: son tan misóginos como los hombres heterosexuales, como las mujeres lesbianas y como las que no lo son. En mayor o menor medida todos hemos heredado la misoginia como una relación natural.
Conocido el problema, tanto los hombres, las mujeres y los homosexuales de ambos sexos, podemos detenernos a reflexionar y a buscar una solución que mejore nuestras relaciones humanas y las convierta en relaciones de igualdad, equidad y de aceptación. Relaciones de derecho y respeto a la diversidad, en el entendido de que las costumbres criminales impuestas socialmente por algunos pueblos patriarcales y fundamentalistas, que atentan contra la dignidad, la vida y los derechos humanos, deben ser combatidas y debidamente excluidas de la sociedad humana.»

 

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