Desqueerizar el anarquismo
En septiembre de 2026 se terminó de imprimir en la Ciudad de México la edición mexicana de Desqueerizar el anarquismo, apuntes contra el relativismo posmoderno, del filósofo y militante anarquista Daniel Hernán Huerta. El libro en su versión impresa en México es posible gracias a la colaboración sin fines de lucro entre La Rosa Negra Ediciones, proyecto editorial anarquista y autogestionado de Madrid, y Prensa Editorial LeSVOZ AC, organización de lesbianas feministas radicales con más de treinta años de trayectoria en México.

La impresión se hizo respetando en lo posible la edición española, publicada en mayo de este año. Ninguno de los dos proyectos recibe subvenciones del Estado ni trabaja con fines comerciales. Esta coedición es un ejemplo concreto de apoyo mutuo entre movimientos: lesbianas feministas de México y anarquistas de España que coinciden en la necesidad de defender el pensamiento crítico frente al relativismo posmoderno.
El libro sostiene que una parte importante del movimiento anarquista adoptó en las últimas décadas los planteamientos de la Teoría Crítica posmoderna, en particular la teoría queer de Judith Butler (posestructuralista generista), inspirada a su vez en Michel Foucault (posestructuralista posmoderno). Para el autor, esa corriente rechaza la idea de la verdad, la razón y el universalismo, que fueron la base del anarquismo desde sus orígenes en la Ilustración y la Revolución francesa. El resultado, explica, es un movimiento que dejó en segundo plano la lucha contra el Estado, el capitalismo y el trabajo asalariado.
Uno de los aportes centrales del texto es mostrar el carácter conservador de la teoría queer. Si el poder está repartido en todas partes y todas las personas lo ejercemos por igual, se vuelve imposible identificar a quienes explotan y oprimen. La respuesta queer se limita a parodiar o “transgredir” las normas, sin proponer una transformación social. El autor lo resume así:
“Las posiciones de Foucault y Butler son profundamente conservadoras, frente al objetivo tradicional del anarquismo de sustituir el Estado y el capital por la organización horizontal de los trabajadores y la colectivización de los medios de producción” (p. 111).
Hernán Huerta también analiza la relación entre las políticas de identidad y el neoliberalismo. Retomando a autores como Daniel Bernabé, plantea que la multiplicación de identidades individuales debilita la organización colectiva y beneficia al sistema económico:
“El capitalismo mercantiliza la diversidad, abre un supermercado de identidades donde comprar la que nos resulte más apetecible y suprime la lucha de clases” (p. 31).
Desde una lectura lesbiana feminista, el libro aporta elementos importantes. El autor recoge la afirmación de la propia Butler de que lo queer es un argumento contra la especificidad lesbiana, y señala que reinterpretar la experiencia de gais y lesbianas como un asunto de “identidad de género” refuerza estereotipos sexistas y puede confundir a adolescentes lesbianas. Plantea además que negar la realidad material del sexo debilitó a la izquierda y facilitó el avance de la extrema derecha.

Otro punto valioso es la recuperación de Mujeres Libres, organización poco conocida en México. Esta surgió en España en abril de 1936, meses antes del inicio de la Guerra Civil Española, impulsada por tres mujeres anarquistas: la poeta Lucía Sánchez Saornil, la pedagoga Mercedes Comaposada y la médica Amparo Poch y Gascón. Aunque surgió dentro del movimiento libertario1, se organizó de manera autónoma, porque sus fundadoras sabían que el machismo también existía entre sus propios compañeros. Para nosotras las lesbianas no es un dato menor que Lucía Sánchez Saornil compartió su vida con su compañera América Barroso, hasta su muerte.
Durante la guerra y la revolución social, Mujeres Libres llegó a reunir a unas veinte mil afiliadas. Abrió escuelas para enseñar a leer y escribir a obreras y campesinas, dio formación en oficios, organizó guarderías y publicó una revista con su mismo nombre. Luchó contra lo que llamaba la triple esclavitud de la mujer obrera: por ser trabajadora, por ser mujer y por no tener acceso a la educación. Creó también los liberatorios de prostitución, espacios donde las mujeres recibían atención médica, apoyo y capacitación para un empleo digno. Con la victoria franquista en 1939 la organización fue disuelta y muchas de sus integrantes partieron al exilio; México recibió entonces a miles de refugiadas y refugiados republicanos, entre ellos y ellas militantes libertarias. El autor aclara que este legado es incompatible con las posturas queer que hoy llaman “trabajo sexual” a la explotación de las mujeres.
Al final, el libro propone tres tareas para el anarquismo: volver a poner en el centro la lucha contra el Estado y la explotación económica; recuperar el universalismo y la acción colectiva frente al identitarismo; y regresar a un lenguaje claro, cercano a la gente y alejado del academicismo.
Coincidimos en el planteamiento del autor y reconocemos la importancia de su obra. El libro es una propuesta para el debate en colectivas, círculos de lectura y espacios autónomos, y una invitación a revisar críticamente las ideas que se han instalado en los movimientos sociales sin suficiente discusión.
Editorial LeSVOZ AC agradece todas las facilidades a Daniel Hernán Huerta y La Rosa Negra Ediciones, para lograr la presentación de su libro a un costo accesible no lucrativo, en México.
Ficha técnica.
- Desqueerizar el anarquismo. Apuntes contra el relativismo posmoderno, de Daniel Hernán Huerta. Coedición de Prensa Editorial LeSVOZ AC (serie “Con nosotras”) y La Rosa Negra Ediciones (colección En la Llaga). Primera edición en México: septiembre de 2026.
- ISBN: 979-13-992554-0-9.
- Formato de 14 × 21 cm, 220 páginas.
- Portada a color en cartulina couché de 250 g con laminado brillante; interiores en papel cultural ahuesado de 75 g, encuadernación pegada a calor, consta de 400 ejemplares. Impreso por Prensa Editorial LeSVOZ AC en la Ciudad de México.
Estará disponible en la Feria internacional del Libro del Zócalo 2026 Ciudad de México (FILZ), Carpa 2 de editoriales independientes, Stand 102 de Editorial Lesvoz AC, del 9 al 18 de octubre, en horario de 11am a 8pm, costo de $200.00 pesos mexicanos para recuperar gastos, y posteriormente en librerías y la Localita de LeSVOZ.
- La palabra “libertario” tiene una historia que conviene recordar. La acuñó el anarquista francés Joseph Déjacque en 1857, en una carta abierta a Proudhon, y poco después la usó como título de su periódico Le Libertaire, publicado en el exilio en Nueva York. A fines del siglo XIX, las leyes francesas que perseguían a quienes se declaraban anarquistas llevaron a Sébastien Faure y Louise Michel a fundar en 1895 otro periódico con el mismo nombre. Desde entonces, “libertario” fue sinónimo de anarquismo: una idea que une la libertad individual con la igualdad económica, el apoyo mutuo y la abolición del Estado y del capital. Muchas mujeres se nombraron libertarias y dieron contenido a esa palabra: Louise Michel en la Comuna de París, Emma Goldman en Estados Unidos, Teresa Claramunt y Federica Montseny en España, las militantes de Mujeres Libres y, en México, Margarita Ortega, militante magonista fusilada en 1913. Para ellas, la emancipación de las mujeres era inseparable de la lucha contra el Estado, el capital y la Iglesia. Sin embargo a mediados del siglo XX, en Estados Unidos, economistas defensores del libre mercado como Murray Rothbard se apropiaron del término; el propio Rothbard reconoció que lo habían tomado del bando contrario ya que él usó la palabra “libertario” en los años sesenta porque “liberal” ya tenía otro significado, y después hizo algo parecido con “anarco”, tomó un nombre con prestigio en las luchas obreras y lo llenó de contenido contrario y capitalista. Hoy, personas de la derecha como Javier Milei en Argentina se llaman “libertarios” para defender la propiedad privada sin límites, el mercado desregulado y la competencia como orden natural. Es decir, defienden justo lo que el anarquismo combatió. Conocer este origen permite reconocer el término como parte de una tradición de lucha obrera y feminista, y no como etiqueta de quienes defienden la desigualdad. ↩︎
